martes, 29 de abril de 2014

ARCHIVOS DE LA HISTORIA DE GUARO ESCRITURAS DE DON TELLO DE ERASO 1623

http://1drv.ms/1hN51Wt



Don Tello de Eraso era descendiente de don Miguel de Eraso, al que dieron la Torre de Guaro y sus tierras. Obtiene copia de la escrituras originales de los Repartimientos de los Reyes Católicos de 1492.
En Guaro, queda el recuerdo del Cortijo de don Tello.
Enlaza con la dirección de arriba.


José Naranjo

ARCHIVOS DE LA HISTORIA DE GUARO PARTIDO SOCIALISTA Y PARTIDO AGRARIO

https://1drv.ms/b/s!Ai3o0AEJ9Ev2iAwns3efsVwwSEFl


CONSTITUCIÓN DEL PARTIDO SOCIALISTA 1931
 Conecta con el enlace de arriba.



CONSTITUCIÓN DEL PARTIDO AGRARIO 1935

Conecta con el enlace de abajo.


https://1drv.ms/b/s!Ai3o0AEJ9Ev2iAoRjoaF-RToo6wO





                                                                                                                                          José Naranjo




ARCHIVOS DE LA HISTORIA DE GUARO ESTATUTOS DEL MOLINO SOCIEDAD EL PORVENIR 1914

Estatutos del molino de aceite Sociedad "El Porvenir" de Guaro 1914
Este año, en agosto, se cumplirán 100 años de su constitución.




Pincha en el enlace de abajo para abrir el archivo.

https://1drv.ms/b/s!Ai3o0AEJ9Ev2iBj2AewzsQOMvb91


                                                                                                                                           José Naranjo

ARCHIVOS DE LA HISTORIA DE GUARO CATASTRO DE 1897 (planos de 1913 y 14)



CATASTRO DE GUARO DE 1897 

En el enlace que tenéis abajo podéis descargar los planos del catastro de 1897 más la segregación y amillaramiento de 1913 y 1914. Muy interesante para ver la evolución de nuestro territorio y su correspondiente parcelación.
Pincha en el enlace de abajo.








https://1drv.ms/b/s!Ai3o0AEJ9Ev2iBpQ2szW1AV5n5ap






viernes, 25 de abril de 2014

BIBLIOGRAFÍA DE LA HISTORIA DE GUARO

BIBLIOGRAFÍA DE LA HISTORIA DE GUARO


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Archivo de don Narciso Díaz de Escovar.
Archivo de la Diputación de Málaga.
Archivo de la Real Chancillería de Granada.
Archivo del Ayuntamiento de Guaro.
Archivo del Juzgado de Guaro.
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martes, 15 de abril de 2014

MEMORIAS DE UNA NIÑA, EL"TOPO" JEROMO TORRES "TOÍLLO"



MEMORIAS DE UNA NIÑA, “EL TOPO” JEROMO TORRES ”Toíllo”
                                       MARÍA TORRES


                                      




Transcribo textualmente el relato escrito por la hija de Jerónimo Torres "Toíllo"
                                                              I
Voy a escribir lo que pasé durante la Guerra Civil. Yo tendría cinco o seis años. Éramos una familia pobre, pero felices.
Mis padres solamente tenían dos hijas, una hermana y yo, aunque, después de terminar la guerra, nació otra hermana.
Esta maldita guerra lo destruyó todo, porque nosotras, que tan pequeñas éramos, hizo que me convirtiera en una mujer.
En el 36 salimos de Guaro  por la  huida. Lo hicimos por el camino de Málaga. Durante el trayecto, me perdí, me despisté y una familia, que me encontró, me dejó en un cortijo que había antes de llegar a la capital. Allí me encontraron mis padres, que estaban buscándome.
Por la mañana, dijeron que habían cortado el puente y no se podía pasar a Málaga, así que tuvimos que volver para el pueblo.
Cuando llegamos, la casa estaba saqueada.
A mi padre lo buscaban para matarlo, pero como él decía que no había hecho nada, que lo cogerían corriendo. Nos fuimos al campo, a una finca que tenía mi abuelo. Allí, se puso a trabajar con un señor de Monda al que decía “Jorobao”.
Todos los días, iban a por él, pero ese señor le decía: “Déjelo, a ver si termina el día”. Al terminar, el buen señor le dijo: ”Jerónimo, quítate de en medio que esta tarde vienen a por ti”.
Mi padre se vino para la casa; se fue al huerto a regar. Yo, con tan poca edad, vi a dos hombres que venían con escopetas. Salí corriendo y le dije: “Papá, ahí vienen dos hombres con escopetas. Él salió corriendo la cañada arriba y se metió en un zarzal.
Ellos llamaron a la casa y le preguntaron a mi madre que dónde estaba mi padre. Mi madre le dijo que esta mañana se había ido a la parte de Cádiz a segar.
-¿Cómo se ha ido tan pronto?- dijeron los hombres de escopeta.
Porque él decía que como no le había hecho daño a nadie que no se entregaba.
Él había guardado las bestias requisadas cuando entraron los Rojos. A él lo pusieron obligado para dicho cuidado.
Él veía que eso no era delito para que lo mataran. Se tiró al monte. Estuvo huyendo cuatro o cinco meses.
Mi madre, cuando iba para el campo, le llevaba una bolsa de comida. En una tarama, tenía una contraseña; la dejaba escondida y él, por la noche, iba y se la llevaba.
Al principio, estaba con otro tío mío, pero este no podía y se entregó. Estuvo tres años preso. Cuando salió, estaba enfermo y enfermo murió. Tampoco le había hecho nada a nadie porque era una persona buena, pero todo era la contra: solamente si uno le tenía contra al otro, había que matarlo.
Mi padre se vino más cerca del pueblo, a una finca que tenían sus padres en el Puerto Liñén ( de doña Inés). Había unas cubas por debajo de la casa y ahí estaba metido.
Mi abuela, cuando hacía de comer, salía como si fuese a echarle de comer a los animales y se la llevaba a él. Pero un día le dijo mi madre: ”Jeromo, ¿por qué no te vienes esta noche a la casa? Te metes en la cuadra; hacemos un agujero en el suelo y estamos más tranquilos.
Para poder entrar en la casa, se disfrazó de mujer y esperó la noche. Y así se hizo.
Nuestra casa estaba en la calle Cerrillo, donde vivía con toda la familia.
Costó mucho trabajo porque, para que la tierra que sacaban no se viera, mi madre, con una espuerta pequeña, debajo del mantón, la llevaba al patio de una tía mía.
Hicieron un agujero de unos dos metros de largo por uno de alto. Tuvieron que poner unos banquillos y una tabla, porque, cuando llovía, pasaba el agua por debajo.
Nosotras no sabíamos nada porque éramos muy pequeñas. Estaba deseando de terminar y abrazarnos.
Un día, nos dejó mi madre jugando, y fue por un cántaro de agua; cerró la puerta del patio para que no saliéramos.
Él, cuando vio que estábamos solas, se asomó a la puerta de la cuadra y empezó a llamarnos. Nosotras nos asustamos. Mi hermana, que era más pequeña, empezó a llorar. Yo le tapaba la boca diciéndole que no llorara, que vienen los civiles.
El patio tenía un muro de piedra y espino. Me subí encima con una silla; le di la mano a mi hermana y caímos al patio de  la vecina; nos hicimos polvo las piernas con los espinos y llegamos a la casa de mi abuela llorando.
Mi abuela no nos dijo nada porque había gente, pero ella se lo calculó.
Cuando vino mi madre con el agua y vio que nosotras no estábamos dijo:”Ya lo hizo este hombre”.
Vino a casa de mi abuela, que vivía enfrente, y le dijo:” Ma María, que así se llamaba, ¿usted ha visto a las niñas si están arriba?”
Salió mi madre y, cuando nos vio, se echó a llorar. Nos decía: “Tranquilas, eso no es nada”.
-Pero, mamá, en la cuadra hay un tío.
-No, hija, en la cuadra no hay nada. No digáis nada. Vais a venir conmigo.
 Y así lo hizo. Nos llevó y, efectivamente, allí no había nada por la noche.
Cuando mi hermana se quedó dormida, me dijo:”Si te digo algo, ¿tú lo vas a decir?
-Yo, no.
-Pues ven conmigo.
Me llevó y ya vi que era mi padre. Estaba muy delgado, con barba y con muy mal color.
Él me decía:”Si alguien te pregunta por mí, ¿tú qué vas a decir? Que está en la siega muy bien.
Desde aquel día, todos los días me metía con él. Sabía un poco de letras y de números. Todo el día se le iba poniéndome muestras y números.
A mí me gustaba pues estaba loca de contenta. Yo iba a la escuela de una señora a la que le decían Isabel “La Juanjara”. Ella enseñó a casi todo el pueblo. El Ma Isabel le decía a mi madre: “María, la niña es muy lista porque aprende muy rápido". Nos cobraba una perra gorda por darnos de leer. Lo que ella no sabía es que tenía otro maestro.
                                                             II
Un día, vino el marido de la maestra a sacar mata de tabaco del patio de mi casa, porque había mucha. Era una parte de mata de tabaco. Me pilló a mí sola, porque, cuando no estaba mi madre, no faltaba yo de la casa.
Yo sabía que mi padre estaba tomando un poquito de sol. Cuando me dijo que iba a sacar la mata de tabaco, le dije que no. Si la sacaba, tenía que ser de la de arriba porque de abajo no iba.
Y, a todo esto, yo, con una chaqueta por delante de él hasta que me dijo:”Anda, me voy y,  otro día que esté tu madre aquí, vendré.
Otro día me pasó otra cosa. Estábamos jugando en el patio de la vecina. Como las paredes eran de piedra seca, un niño al que le decía" F. el de la I". lo vio tomando el sol y empezó a decir:”¡ En el corral de "La Gregoria", que así le llamaban a  madre,” hay un tío!
Yo lo cogí de los pelos y lo llevé a su casa llorando. La madre me dijo: “¿Qué pasa?
-Que dice que en mi corral hay un tío y van a venir los civiles.
La madre le pegó y le dijo:”Como lo digas, te mato.”
Pero, aquella noche, cuando vino mi madre, que estaba en el campo trabajando para poder ganar algo para darnos de comer, se lo dije.
En aquel momento, apañaron un poco de comida de lo poco que había. Se vistió otra vez de mujer y se fue al monte otra vez.
Como no se escuchaba nada, le dijo mi madre:” Vente que no se escucha nada y, ahora, ten más cuidado”.
                                                                  III
Ya no se tuvo que ir más. A mí me mandaba mi madre por leche a casa de un cabrero que vendía leche en su casa. Eran de derechas. Todas las noches, cuando yo llegaba, me decía:”Mariquita, vente conmigo a la candela”. Era para preguntarme que dónde estaba mi padre.
Yo le decía que estaba en la siega.
-¡Pero si ya no hay siega!
-Él se fue a la siega y no ha venido.
Una noche, lo estaba escuchando una tía de mi madre y vio que le estaba ofreciendo dinero para que le dijera dónde estaba él.
-Ella no va a decir nada porque no lo sé ni yo.
Ella no fue más a por leche.
                                                                IV
Todas las noches, venían un grupo de mujeres cantando “Cara al Sol” y aporreando la puerta.
-¡Abre, y nos dices dónde está tu marido!”.
Nosotras llorando y mi madre nos decía:” Callaíta que no pasa nada”. Era casi todas las noches.
Otro día, vinieron unos pocos y se llevaron a mi madre, mi abuela, dos hermanas de mi padre, una cuñada que, por cierto, tenía el marido en la cárcel y a mi abuelo.
Entonces nos dijeron: “Despedirse de ellos que no los vais a ver más: los vamos a meter en un caldero de aceite ardiendo”.
Todos los niños llorando; los vecinos, consolándonos: “No va a pasar nada”.
                                                            V
Suerte que una de mis tías tenía un novio de derechas y llegó a la plaza. Cuando los vio a todos allí dijo que qué pasaba.
-Que si no hablan los vamos a matar a todos.
-Eso ni hablar. Venga, iros para arriba.
Cuando los niños los vimos llegar, nos liamos a pegar chillidos diciendo:”¡Ya no os vais más!”
Aquella noche, volvieron para decirles: “De esta no os escapáis”.
A mi abuelo lo soltaron, pero a mi tío, no.
Se lo llevaron a la cárcel de Málaga donde estuvo tres años.
Cuando lo echaron, venía enfermo con un boquete en el costado que todos los días lo curaba mi tía metiéndole un montón de gasas en el boquete que tenía.
Duró muy poco después de venir. Tampoco le había hecho mal a nadie. Era tan bueno que no había persona como él.
Dejó cuatro niños todos pequeños. Gracias a mis abuelos que le echaban una mano a mi tía: siempre pasando bastante necesidad.
                                                    VI
Se me olvidaba que mi padre, cuando estaba en el agujero, crio una bicha. Empezó que entraba pequeñita y él se entretenía echándole miguitas. Cuando comía, se iba. Así, hasta que se hizo grande, tan grande que ya le daba miedo quedarse allí porque se quedaba dormido y, cuando despertaba, la tenía encima estirada y ya se salía de allí. Cerraba el agujero y se quedaba arriba.                       
                                                          VII
En ese tiempo, ya había terminado la guerra, pero él, todavía, no se había querido presentar. El novio de mi tía, que era de ellos, le dijo a mi madre que le dijera dónde estaba, que él lo iba a presentar, que no le iba a pasar nada.
Al principio, no le quería decir nada, pero él insistió. Mi madre lo cogió y lo llevo a la cuadra y, cuando vio donde estaba, se quedó de piedra.
-¡No me digas que todo el tiempo ha estado aquí!
- No. También, ha estado en la Sierra.
-Ahora, voy a llevarlo y lo voy a presentar.
Cuando salió, mi madre llamó a los vecinos y no se lo creían. Era imposible, que tan cerca, nadie hubiera visto nada.
Bueno, ya se lo llevó mi tío y lo presentó; pero con tan mala suerte que a una señora del pueblo le habían matado el marido, que era de derechas, un día que iba de cacería. Fue a una fuente que había en el campo a beber y había un fugitivo que también estaba bebiendo.
Él le echó la escopeta al cuello para ahogar al fugitivo, pero el otro tuvo más poder y el muerto fue él.
Lo echó a una cañada. Aquella noche hubo una tormenta y la riada lo tapó de escombros: así que no lo encontraron.
Por casualidad, un tío mío, cuñado de mi padre y un primo hermano estaban echando una calera en ese mismo lugar. La señora del muerto,  que le decían M., le dijo a los civiles que lo había matado mi padre porque estaba allí con ellos haciendo la calera y lo habían echado a la calera para que se quemara.
A mi padre le pegaron bastante para que dijera que él lo había matado; pero él decía que no, que no había visto a los que lo mataron: él no decía una cosa que no había hecho.
Se acordó que desde el día que se metió en el agujero había estado apuntando en una libreta todo  lo que pasaba en el pueblo: si se echaba un pregón, a la hora en que se echaba, si había un muerto, a la hora en que doblaba, a la hora en que se enterraba, las guardias que se ponían de noche.
Él, por un agujero que había, veía toda la calle Torre: eso lo salvó.
Les dijo, cuando le estaban pegando:”¿Por qué no vais a mi casa? Abajo, donde he estado metido, hay una libreta que yo tengo allí”
Vinieron dos guardias y, cuando llegaron, dice uno:”¡Aquí cómo se va a meter una persona!”
El otro contestó:” Eso se ve metiéndose.”
-¿Cómo se metía su marido?
-Él ponía los brazos para abajo y metía la pierna.
Y así lo hizo el guardia.
Cuando estaba abajo dijo:”No digo uno, sino dos por una precisa.”
Cogió la libreta, se la llevó al sargento y, cuando la leyó, le dijo a la señora M. que se fuera y que buscara quién había matado a su marido: este hombre no ha sido.
Al poco tiempo, apareció otra tormenta y lo  descubrió. Mi primo y mi tío estuvieron detenidos hasta que se aclaró todo.
                                                    VIII
Se llevaron a mi padre y a mi madre a Coín; pero mi madre dijo que ella tenía dos niñas y quedó  fuera de ella. Las niñas fuimos con ella: total, los cuatro presos.
A mi padre lo tenían en la cárcel de la plaza; a mí  y mi madre en el Hospital, en unos camarotes que había.
A lo primero, estábamos todos en el mismo salón; pero, un día, otra señora de Coín y mi madre le pidieron a la jefa que por qué no le dejaba un rellano de la escalera para ponerse allí porque en el salón había tantos piojos que se veían andar por el suelo.
Al final, las dejaron a las dos. La señora de Coín también tenía una niña, se llamaba María.
Allí, tenían una anafre de carbón y ellas hacían de comer. Yo le llevaba la comida a mi padre y aun tío mío que estaba en el callejón de las Cuatro Esquinas, en una cuadra en la que había hasta pesebres.
Cuando yo iba, veía que las paredes estaban llenas de sangre y le decía: “Tito, ¿ esa sangre de quién es?
-Se ha cortado un hombre.
Con el tiempo me di cuenta que era de las palizas que le daban a la sombra.
Ya, en ese tiempo, se llevaron a mi tío a Málaga. Estuvo un año. Después al Puerto de Santa María: total, tres años. Cuando lo echaron, lo echaron enfermo. Mi tía le mandaba algunos paquetes de comida.
A mis padres los echaron fuera a los tres meses, era la feria de Coín. La noche que sacaron la procesión de la Virgen de la Fuensanta sacaron a todos los presos a la calle y, cuando iba pasando la Virgen, mi madre se arrodilló ante ella y le pidió que, si salían los dos juntos, nos vestiría a las dos de hábito e iríamos en la procesión.
Se lo pidió con tanto fervor que a los dos días los echaron a todos juntos. Mi padre estuvo un poco tiempo en la casa porque salió malo del estómago porque, cuando estaba en el agujero, lo pasó muy mal: se iba a morir.
Él le decía a mi madre:” Si me muero, me dejas aquí mismo y así no te marean.”
Mi madre fue a Monda en donde había un boticario, don Antonio, que era como un médico.
Le dijo que tenía un niño malo y lo que tenía.
Él le dijo:”Tráemelo.”
-¿Cómo lo traigo? ¿En brazos? Usted me manda algo que sea bueno.
Lo que le dio el boticario, ella se lo daba doble. Así se fue recuperando.
                                                         IX
Cuando salió de la cárcel, marchó a Tarifa a la siega. Estando allí, mandó llamar a mi madre para que nos fuéramos. Ella apañó las pocas cosillas que había. Alquiló un hombre con una bestia para que nos llevara hasta Marbella.
Mi hermana, como era tan pequeña, se cansaba. En Marbella cogimos un coche hasta Algeciras y otro que iba para Cádiz. Nos dejó en el cruce de Punta Paloma. Mi padre estaba allí en un cortijo al que le decían Las Pasas. Cuando llegamos, un señor le había alquilado una casa, pero alguien le dijo que había estado en la cárcel; estábamos allí con todo y dijo que no la alquilaba: nos vimos en la calle.
Suerte que siempre hay buenas personas. Un señor, que se llamaba Alejandro, le dijo:”Venirse para arriba”. Nos dio una habitación para que pasáramos la noche.
Al otro día, le dio una choza de los animales. Mi padre tuvo que sacar el estiércol y limpiarla. Hizo dos catres: uno para ellos y otro para nosotras.
Había allí ratas y bichas. Un día, mi madre y mi hermana estaban acostadas con las calenturas del paludismo. Los cuatro cogimos las calenturas.
 Mi madre me mandó por leche y, cuando entré, había una bicha en suelo cogiendo una rata; pero yo no la vi, la pisé y se metió entre las piernas, me trabó. Cuantos más botes daba, más se adjuntaba.
Suerte que estaba un tío mío. Uno me cogió y el otro, con una hoz, la cortó por medio: estuve mucho tiempo que no dormía.
Allí, no lo pasamos mal, no pasamos tanta hambre, porque eso  fue el año 39, cuando más hambre había.
                                                            X
Iba allá abajo a vender una caja de tomates, era en el mismo puente de Punta Paloma.
Se puso mi madre y salió un tomate podrido y lo tiró; pero uno de los prisioneros se abalanzó a comérselo. El centinela lo vio. Mi madre no quería que se lo comiera y le iba a dar uno. El centinela cogió el fusil por el cañón y se lio a culatazos con el muchacho. Se lo llevaron entre dos. Yo salí pegando chillidos de miedo.
Por la mañana, vino una y le dijo:”María, ¿usted vio ayer al muchacho? Pues apareció muerto.
-Lo mató-dijo mi madre.
Trajeron un destacamento de Artillería allí donde estábamos nosotros y mi padre puso una cantina. Luego le dieron la cantina de los militares hasta que un día, de golpe, dicen que se lo llevan para Ronda.
A mi padre le dicen:”Jerónimo, si se quiere venir, le ponemos un camión y le damos allí la cantina.” Pero mi padre no quiso y nos quedamos.
Nos quedamos poco tiempo porque nuestros abuelos estaban ya mayores y partieron las tierras ya que ellos no las podían llevar.
También, murió la madre de mi madre, el padre de mi padre y ya nos vinimos y hasta entonces.
Mi madre no había podido pagar la manda que le hizo a la Virgen y, entonces, nos compró los hábitos y fuimos a la procesión.
                                                          
 FIN








lunes, 7 de abril de 2014

VIDA MILITAR DEL CABO MIGUEL FERNÁNDEZ GIL, EJÉRCITO NACIONAL


VIDA MILITAR DEL CABO MIGUEL FERNÁNDEZ GIL, EJÉRCITO NACIONAL


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DIARIO DE GUERRA Y CÁRCEL ,FÉLIX GONZÁLEZ AGÜERA


DIARIO DE GUERRA Y CÁRCEL,  FÉLIX GONZÁLEZ AGÜERA, EL HOMBRE DE GUARO QUE MAYOR  TIEMPO PASÓ EN LA CÁRCEL DESPUÉS DE LA GUERRA CIVIL

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                                      Desfile de reclusos en la prisión de El Dueso (Santander)


                                                                José Naranjo (con el permiso de sus hijas, María y Lina )


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