sábado, 21 de febrero de 2015

EL DESTINO DE UNA VIDA. FRANCISCO SANTOS RODRÍGUEZ "PACO EL DITERO" 1.ª PARTE


EL DESTINO DE
UNA VIDA









                                                                 FRANCISCO SANTOS AGUILAR



Nuestro paisano Francisco Santos Aguilar Paco El Ditero ha reproducido las Memorias de Paco El Ditero el Mayor.
Me ha dado su permiso para que lo reproduzca en mi blog.
Lo vamos a publicar por partes. Al no tener los archivos originales de fotos, lo reproduzco sin fotos.
Es un diario intenso, dramático, triste: la historia de una generación perdida.
Podría ser el guion de una película sobre la Guerra Civil, aspectos no le faltan.
Con técnica de Flashback ,retrocedemos a la infancia cartameña de Paco.






A la memoria de mi padre




Diseño, maquetación y edición: Fran & San
Impresión: Solidaridad
Diseño portada: FSA
Editado en Málaga año MMX
Depósito legal: MA-375-2010
Esta edición se edita y distribuye con la colaboración de la
Federación Provincial de Asociaciones de Vecinos
SOLIDARIDAD de Málaga.
Edición sin ánimo de lucro.


INDICE




Agradecimiento.................................................................... ……………
7
Prólogo………………………………………………………………………..
9
Introducción............................................................................................
13
La salida.................................................................................................
15
Recuerdos de la niñez............................................................................
27
La guerra................................................................................................
52
El frente..................................................................................................
65
La retaguardia.........................................................................................
78
La detención...........................................................................................
94
La cárcel de Málaga...............................................................................
101
Ciudad Rodrigo.......................................................................................
129
Campo de concentración de Castuera...................................................
140
La fuga....................................................................................................
152
La cárcel de Cádiz..................................................................................
172
Talavera de la Reina...............................................................................
181
El penal de Chinchilla.............................................................................
191
Penal del Puerto de Santa María............................................................
199
La libertad……………………………………………………………………..
217
Desde mi celda……………………………………………………………….
225
Documentación……………………………………………………………….
236
Fechas de importancia ..........................................................................
244
Fotografías de Robert Capa...................................................................
245
Listado de ejecutados naturales de Alozaina.........................................
251
Listado de ejecutados en Málaga naturales de Alozaina.......................
253
Relación incompleta de campos y prisiones...........................................
254
Fuentes consultadas...............................................................................
271



AGRADECIMIENTOS

Este libro no se habría podido escribir sin el apoyo de mi  familia, especialmente de mi esposa, Fina, y mis hijos, Verónica y Fran.

Mi agradecimiento a la Federación Provincial de Asociaciones de Vecinos SOLIDARIDAD de Málaga, por su apoyo y ayuda para que este libro viera la luz, y a mi amigo Ángel Rueda, por su apoyo y aportación personal.

También, quisiera expresar mi agradecimiento a todas aquellas personas, colectivos e instituciones que luchan a diario para mantener viva una parte de nuestra historia, evitando que esta caiga en el olvido.



El autor









PRÓLOGO




    Si es misión principal del historiador, plasmar en sus escritos lo acontecido, son muchas las ocasiones en las que los textos que relata reflejan notoriamente la subjetividad propia de sus ideas, sus pensamientos, su opinión, incluso su interés personal.

    Ejemplo de ello es encontrarnos varias versiones de la misma historia contada cada una de diferente forma y desigual contenido; constatando que hay muchas situaciones  en las que ciertas expresiones literarias afloran con unas intencionalidades claras, tendente a poner en valor hechos históricos de muy dudosa credibilidad los cuales, manejados con habilidad y medias verdades por el escritor o el ideólogo que pudiera acompañarle, construyen una gran mentira que posteriormente tratan de hacerla creer.

    Por el contrario son las pequeñas historias como las que presenta Paco Santos en este libro las que verdaderamente dan a conocer una visión de la historia basada en este caso en el dolor, el sufrimiento y a veces la impotencia frente a un poder absolutista cuya dictadura venía a reprimir cualquier forma de pensamiento y expresión que no estuviera en la misma sintonía que la del pensamiento único instituido e impuesto a la fuerza por el régimen franquista. Cuando la sed de justicia, el coraje y el corazón, se revelaban contra la irracionalidad y la imposición totalmente arbitraria, se estaba expuesto a ser encarcelado, torturado o mandado “al paredón”.

    Es evidente que la forma autodidacta de escribir, como la de Paco, denota ya de por si una actitud valiente al enfrentarse con un gran problema histórico familiar que pretende no quede olvidado, sino que su historia sirva para dar a conocer unos hechos reales ocurridos con la sana intención de que puedan servir sobre todo para que las generaciones que no vivieron la criminal dictadura habida, puedan tomar nota de lo que sucedió y no puedan dejarse confundir con falsos mensajes e historias totalmente manipuladas y en ningún caso permitan que hechos como los relatados jamás vuelvan a suceder.

    Aunque intereses muy concretos traten de obscurecer e ignorar nuestro pasado reciente, recuperar la memoria histórica es de vital importancia para dejar puestas las cosas en el lugar que les corresponde y encarar el futuro sin rencores pero con el conocimiento de lo acontecido y el propósito y la decisión de que la historia pasada no se vuelva a repetir.


JOSÉ ENRIQUE RIVAS CEBRIÁN
Presidente de la Federación Provincial de
 Asociaciones de Vecinos “Solidaridad”









“... Dos bandos. Aquí hay ya dos bandos. Mi familia y la tuya. Salid todos de aquí. Limpiarse el polvo de los zapatos. Vamos a ayudar a mi hijo... Porque tiene gente... ¡Fuera de aquí! Por todos los caminos. Ha llegado otra vez la hora de la sangre. Dos bandos. Tú con el tuyo y yo con el mío. ¡Atrás! ¡Atrás!”

              FEDERICO GARCIA LORCA
              Bodas de Sangre, Acto II




INTRODUCCIÓN


“Vigilad para, aprendiendo de nuestra historia,
evitar que se vuelva a repetir.”


 A la edad  de 14 años, mi padre me hizo entrega de una serie de libretas manuscritas a lápiz en las que había logrado recopilar sus vivencias, desde el comienzo de la Guerra Civil española, hasta el día de su liberación, en el año 1949.

    Las había escrito durante su permanencia en el penal del Puerto de Santa María, mientras cumplía condena por “rebelión militar”. Para evitar la férrea censura que existía en las cárceles españolas en esa época, dichos manuscritos los debió escribir en clave. Ardua fue la tarea de descifrar aquellas claves, específicas para cada uno de ellos, cosa que me costó más de dos años.

    Con la ayuda de los manuscritos de mi padre, y con los datos aportados por todas aquellas personas que, con sus investigaciones unos, y sus testimonios otros, rescatando del olvido un periodo de la historia española, he podido escribir esta historia, la historia de mi padre, una historia que, como la de muchos españoles, ocurrió durante nuestra Guerra Civil.
    No deseo, y esa fue la voluntad de mi padre, que lo aquí narrado se tome como  venganza, ni buscar represalias contra quienes participaron en cambiar el rumbo de su vida, sino que sirva de advertencia de que la intolerancia y la sinrazón de la fuerza pueden alterar la vida de las personas, propagando entre ellas el odio y el deseo de venganza personal hacia sus semejantes.

    Tampoco es intención el culpar a nadie de lo ocurrido, sino el dar a conocer que, entre todos, contribuyeron a cambiar el rumbo de la vida de mi padre, una vida que, como la de muchos otros, fue condenada a muerte pero que, por los avatares del destino, logró salvar, pero que le marcaron profundamente para el resto de su vida. 

    Mi padre murió el 23 de agosto de 2009.

El autor

                              


LA SALIDA


“Mejor quisiera estar muerto
que preso para toda mi vida
en este penal del puerto,
Puerto de Santa María.”
                         
                                                Rafael Alberti


La mañana aparecía gris, fría. Era la clásica mañana de invierno, aunque en el Puerto de Santa María, en la provincia de Cádiz, como en toda Andalucía, esto no es muy corriente, debido a sus características climatológicas, caracterizadas por un clima mediterráneo, con inviernos de temperaturas suaves. Pero aquella mañana del día 23 de diciembre de 1.949, viernes[1], era distinta. Paco esperaba con ansiedad la llegada de aquel día, en el que por fin saldría en libertad. Hacía un mes que le habían comunicado su pronta liberación, solo faltaban algunos “papeles” para que su salida fuera efectiva. La lentitud de las distintas administraciones había hecho que se demorara más de la cuenta. Una salida que se tenía que haber producido dos años antes, pero debió de permanecer esos dos años más para, además,  cumplir una pena supletoria por haberse fugado. La vida le había vuelto a jugar una mala pasada.
    El patio central del Penal Viejo, como era conocido el penal del Puerto de Santa María, estaba plagado de hombres, deambulando por  él, tratando de mitigar aquel frío que se calaba hasta los huesos. La mirada puesta en el cielo, un cielo azul, limpio, esperando que el astro rey apareciera, y que con sus rayos, les dieran el calor suficiente para afrontar un día más.
    Las ropas que vestían aquellos  presos, la mayoría de ellas raídas y descoloridas por el uso y el paso del tiempo, no les daban el abrigo suficiente para afrontar el largo invierno. Estas se habían convertido en una segunda piel para todos aquellos hombres, en cuyos rostros se podía apreciar la huella que deja la acumulación de penurias y sufrimientos que todos ellos habían tenido que padecer
    Paco vestía un pantalón oscuro, zurcido por varias partes y, como casi todos los compañeros, descolorido. Una camisa blanca, aunque  ya había adquirido un color amarillento debido a los muchos lavados que había sufrido, y una chaqueta también de color oscuro. Poca era la ropa que tenían aquellos hombres. Paco guardaba celosamente otra ropa, mucho más nueva, para el día de su salida. Era como el niño que guardaba celosamente su primer pantalón largo, hasta cumplir la edad exigida por los mayores para poder ponérselo.
    Se sentía nervioso, no paraba en su caminar por el barrizal que conformaba el suelo del patio esperando la llamada de la libertad, y eso, después de tanto tiempo, le aceleraba el pulso.
    Como cada día, ya habían formado a primeras horas de la mañana, cuando aún no había amanecido, en el patio central del penal, para realizarse el recuento preceptivo de presos. Una tarea rutinaria que tenían que realizar. Una vez pasado este trámite, pasarían a desayunar al comedor, debiendo hacerlo por turnos y por brigadas.
     Paco  esa mañana no tenía hambre y se quedó en el patio a la espera de una llamada. Ese deseo le alimentaba más que lo que en aquél comedor le pudieran ofrecer.
    Miraba continuamente a las esquinas del patio, donde, y en número de cuatro, estaban instalados unos altavoces. Esperaba que estos dijeran su nombre y ese sería el momento en el que se daría el  pistoletazo de salida para el inicio de una nueva vida.

    El día comenzaba ya a despertar, a extender su manto sobre el Viejo Penal cuando se produjo aquella llamada. El corazón de Paco comenzó a latir a un ritmo vertiginoso mientras sus compañeros le abrazaban. Todos lo sabían. Aquella era la llamada de la libertad.


    Los largos años de presidio hacían que los huesos de los presos manifestaran claramente dicha circunstancia. En Paco se le apreciaba una leve cojera en su pierna derecha, más producto de la falta de movimiento que de otra cosa.
    Emprendió entonces su camino hacia la zona destinada a las oficinas de la prisión. Aquellos compañeros estallaban en aplausos y felicitaciones. Muchos de ellos lloraban de alegría. Cosas de la vida, lloraban por la partida de un compañero, sin compadecerse o maldecir a la suerte, por no ser ellos los elegidos. Habían aprendido muchas cosas de la vida después de tanto tiempo en prisión, entre ellas, a no esperar nada bueno de un régimen que había empezado su andadura de una forma cruel, sanguinaria. Demasiada suerte tenían ya con llegar a ver cómo se marchaban algunos compañeros, después de muchos años habiendo pasado mucha  hambre y sufrido castigos inhumanos.

    Con ese andar que caracteriza a los que han permanecido mucho tiempo encerrados e inactivos, Paco se dirigía hacia la libertad. Pero,   -¿qué era la libertad? –  se preguntó. Tantos habían sido los años que había pasado privado de ella, que apenas si la recordaba. No recordaba una vida anterior distinta a la de los últimos catorce años, en los que había permanecido preso. Aquellas vivencias de su niñez y juventud debían de haberse quedado en el lugar más recóndito de su mente, y recubiertas por un caparazón contra la ruindad y la maldad, las tónicas más recientes de su vida.
    Pero, ahora, no era el momento de intentar ni tan siquiera romper esa coraza para que sus recuerdos afloraran.
Recorrió el patio con paso acelerado y se adentró en la parte del edificio destinada a las oficinas del penal. Una vez dentro, accedió a través de la blanca escalinata de mármol a la primera planta. Un largo pasillo flanqueado por puertas que daban accesos a las distintas dependencias y al fondo del mismo el despacho del director del centro.
    La antesala del despacho del director del penal estaba flanqueada por varias mesas, en las que los funcionarios dedicados a la administración realizaban su trabajo. Las viejas máquinas de escribir eran tecleadas por estos funcionarios, perfectamente uniformados, produciéndose un sonido acompasado que rompía el silencio casi sepulcral de la sala.
    El ayudante del director le espetó a que aguardara hasta que le diera  permiso para poder entrar al despacho. Una vez concedido este, Paco avanzó unos metros y se situó ante la puerta del despacho del director de la prisión. Creyó que su corazón se paraba. Una placa lucía inmaculada en dicha puerta, con la siguiente leyenda: RAMON CABALLERO. DIRECTOR. Golpeó suavemente con sus nudillos la puerta. Una voz seca y ronca le autorizó la entrada.
    El sobrio y oscuro despacho estaba amueblado con una gran mesa de madera de color marrón oscuro, con infinidad de papeles sobre ella. Una estantería, también llena de carpetas y un sillón con grandes brazos. El director, hombre de unos cincuenta años, moreno. Se le apreciaba una gran calvicie, solo rota por una delgada hilera de pelos que, desde la parte posterior de su cabeza se extendía, por ambos lados, hasta unirse con las patillas, también delgadas y finas. Vestía uniforme militar de color caqui, y en su pechera se podían apreciar varias condecoraciones. En su mano derecha sostenía una pluma estilográfica con la que firmaba algunos papeles. Detrás del sillón, colgada sobre la pared, una gran fotografía, enmarcada, en blanco y negro de Franco, presidía aquella habitación.
    A su lado, y sobre una peana de madera, una bandera elegida por los vencedores de la última contienda para representar a España, avalaba dicha situación. De pie, Paco aguardó a que el director le dirigiera la palabra. El silencio se podía cortar, mientras aguardaba unas palabras de aquel hombre.  Con gesto parsimonioso, enfundó la parte del plumín en su caperuza y, lentamente, se levantó del sillón. Dio varios pasos sobre la habitación, entrelazando ambas manos por la parte trasera de su cuerpo. Comenzó un discurso en el que se mezclaban consejos con amenazas veladas.   Consejos sobre lo que, como ex presidiario, no podía hacer cuando saliera de aquél recinto, y las amenazas sobre lo que le podía ocurrir si incumplía alguna de las normas impuestas.


    Como pudo, aguantó el chaparrón de reproches y consignas que el director lanzaba, de corrillo, como si lo hubiera estudiado previamente y que, seguramente, era el mismo que decía a todos los que salían en libertad.




    Cuando por fin salió de aquel despacho, los funcionarios que se encontraban en la antesala le entregaron un documento que acreditaba su libertad definitiva; un certificado médico, en el que se especificaba que estaba libre de cualquier tipo de enfermedad contagiosa, y un pase para poder coger el tren que le llevaría hasta la estación más próxima a su destino, a la estación de Pizarra, en la provincia de Málaga. Más de media hora debió de esperar a que aquellos funcionarios le tramitaran dicha documentación. Salió de aquellas oficinas y con paso acelerado, se dirigió hacia su brigada para recoger sus pertenencias.

        Apresuradamente, como el que teme que la realidad se convierta en un sueño, que no haya sucedido nunca, Paco sacó de su vieja maleta aquella ropa que aguardaba el día de su salida para embutirla en su cuerpo. Recogió todas sus pertenencias de forma atropellada.
    El estado de nerviosismo en el que se encontraba no le dejaba hacer las cosas tal y como él deseaba. Durante su larga estancia en las distintas cárceles y campos de concentración de España había aprendido a no esperar nada del mañana y, aunque en los últimos años de estancia en el Penal del Puerto de Santa María, había confiado en un futuro fuera de aquellos muros, siempre las cosas las había realizado de forma pausada, tranquila, sin prisas.

    Ahora todo era distinto. Veía cómo aquello podía ser verdad, que no era una ilusión ni un sueño repetido durante los largos años en los que había permanecido privado de libertad, y eso no le dejaba realizar una tarea tan sencilla como la de preparar la maleta.
Se despidió, entre abrazos y lágrimas en los ojos, de aquellos compañeros con los que más había intimado, y se dirigió hacia la puerta de entrada (de salida para él), camino de su libertad.

      -¿Le dejarían salir? – se preguntaba-,  ¿o le cerrarían las puertas como tantas y tantas veces había sucedido?

    Cómo atravesó aquellos muros y llegó al exterior del penal, no se lo pudo explicar.
    En su lucha por dominar el cielo andaluz, el sol había ganado la batalla a las nubes y ahora lucía esplendorosamente en el Puerto de Santa María. Paco caminaba por el largo sendero que separaba la prisión de la estación de trenes de esa ciudad. El camino se encontraba lleno de charcos y barro como consecuencia de las lluvias caídas días atrás, pero a él le pareció una alfombra. La mirada fija en el horizonte. No se atrevía a mirar hacia atrás. No quería mirar hacia atrás. Quería mirar hacia delante, hacia el futuro, olvidar lo pasado.
    No llevaba más de un kilómetro recorrido cuando: -¡No se lo podía creer!  El pase que le habían entregado no lo llevaba consigo. Miró una y otra vez en los bolsillos de aquella vieja y descolorida chaqueta de pana. Tampoco en los pantalones encontraba el pase. Rebuscó entre el contenido de la maleta, pero allí tampoco se había escondido el dichoso pase. Se maldecía. Maldecía a todo lo que existía. No podía volver atrás, no quería volver.
    Pero,  ¿adónde iría sin aquel pase, y sin apenas dinero?



    Decidió volver a la prisión a reclamarlo. En algún lugar se lo había tenido que dejar. Seguramente, en las mismas oficinas.

    Primero tuvo que soportar las risas de los guardias de la entrada.

      -¿Te ha gustado esto? – le decían. - ¿Te vas a quedar unos añitos más? – preguntaban entre risas y en un tono irónico.

    Más tarde, las de los funcionarios de prisiones cuando apareció por las oficinas. Aquellas risas tronaban en los oídos de Paco como si toda una batería de morteros disparara sus cañones a la vez. Entonces, cuando de nuevo volvió a mirar en los bolsillos, el dichoso pase apareció. Sí, allí se encontraba aquel maldito, pero necesario pase. Siempre había estado allí. Se maldecía por ser tan imbécil. Por haber dado los motivos suficientes a aquellos funcionarios para que se rieran de él.

    La frecuencia con lo que aquel hecho ocurría y el saber que esa sería la última vez que aquellos hombres se rieran de él le consoló, y nuevamente emprendió su camino. Otra vez tendría que soportar el suplicio de tener que pasar por el cuerpo de guardia de aquel penal.
    Pero, esta vez sería la definitiva. No volvería a cometer más estupideces como aquella.

    Con su vieja maleta acartonada, de color marrón y con unas franjas verticales de un marrón más claro, atada con cuerdas para que no se desparramara su contenido, en una mano, y el pase bien visible en la otra, Paco llegó por fin a la estación. Se encontraba extraño entre aquella  gente que, como él, esperaban la llegada del tren. Sentía cómo le miraban. Allí, todos distinguían  cuando alguien procedía de la prisión. Su forma de vestir, su forma de caminar, su nerviosismo... todos eran síntomas de proceder del penal. Se sentó en un banco de madera del andén a la espera de que llegara la hora de partir. No pudo evitar que las lágrimas resbalaran por sus mejillas, secas y agrietadas por el paso de los años en circunstancias penosas. Pero, y desde hacía muchos años, aquellas lágrimas eran de alegría. Respiraba profundamente, queriendo llenar todos sus pulmones de aquel aire nuevo, el aire de la libertad que tanto había soñado y deseado, además lo tenía que hacer para poder controlar el ritmo frenético y acelerado que había adquirido su corazón.

    Dos larguísimas horas tardó el tren en llegar a la estación. Por fin, pudo acceder a él. Se sentó junto a una de las ventanas ya que no quería dejar de aspirar aquel aire, un aire nuevo para él. La maleta la colocó entre las piernas. Una maleta repleta de libros y entre ellos, unas libretas manuscritas en las que narraba sus vivencias desde que comenzó aquella guerra fraticida. Debido a la censura tan férrea que existía en las cárceles españolas, Paco debió ingeniárselas para poder escribir sin que se dieran cuenta de lo que ponía realmente. Cual experto espía, para cada una de las libretas, Paco se inventó una clave. Ya llegaría el momento en el que se pudieran descifrar y dar a conocer su historia. Era lo único que en ella transportaba. Lo demás, o lo había regalado a sus compañeros, o lo había tirado. No había querido llevarse nada que le recordara su vida anterior.

    Solamente los libros, compañeros fieles durante los últimos años, habían sufrido el indulto de Paco.

    El estridente pitido del tren anunciaba su partida. Deseaba que este saliera lo antes posible, temiendo que todo lo que le estaba ocurriendo fuera una nueva macabra jugada del destino, y que, nuevamente, le hicieran regresar a prisión. Quería poner tierra de por medio, mientras más, mejor. Por fin el tren comenzó su rodar, lentamente primero, para ir acelerando cada vez más su velocidad.
    Esto le tranquilizó, aquello ya no era un sueño. La realidad se imponía.

    Paco contemplaba a través de aquellas ventanas los verdes campos de la provincia de Cádiz. Frente a él se había sentado una mujer ya mayor, totalmente vestida de negro, y con la cabeza también cubierta por un tupido velo negro. Ni una palabra entre ellos.
    Ella le miraba intentando disimular su curiosidad, pero él sabía que ese interés estaba motivado por su vestimenta y su origen. Otras personas más habían subido al tren y ocupaban los asientos contiguos separados de él por el estrecho pasillo que daba acceso a los mismos. Hizo caso omiso a las miradas indiscretas que tanto la anciana como el resto de viajeros le lanzaban continuamente, y logró abstraerse de todo aquello. Nadie se sentó a su lado. Parecía como si en su frente llevara un cartel en el que, claramente, se podía leer “ex presidiario”.  No le dio mucha importancia.
    No había comido nada desde la cena de la noche anterior, pero tampoco sentía la necesidad imperiosa de tener que llevarse algún alimento a la boca.

    El revisor hizo su aparición por el vagón. Con su uniforme de color gris y su gorra de plato, comprobaba uno a uno los billetes de los pasajeros, haciéndoles una perforación con una maquinita que llevaba, como prueba de su control. Cuando llegó a su altura, Paco extendió la mano para ofrecerle aquel pase que le habían dado en prisión. El revisor ojeó el mismo, a la vez que le miraba. Tras unos, para él, largos segundos, con su maquinita perforó el pase y se lo devolvió sin mediar palabra alguna.
    Una vez prosiguió su ronda, Paco respiró más tranquilo.

    Se relajó viendo pasar ante sí, con el fondo de su rostro reflejado en los cristales de las ventanas del vagón, los lugares por los que el tren pasaba. Como si de una película se tratara, los recuerdos de sus vivencias anteriores comenzaron a aflorar, unos tras otros, después de muchos años escondidos en algún lugar de su mente. Poco a poco, su cuerpo se iba relajando y dejando aflorar aquellos recuerdos. Por fin, después de tanta tensión acumulada, sus músculos adquirieron un placentero relax, cayendo en un soporífero sueño. Entonces y definitivamente, aquellos recuerdos se agolpaban, unos tras otros, tratando de salir de su mente. Ya nada ni nadie podía impedirles salir.





RECUERDOS DE LA NIÑEZ


“Si miras mucho tiempo al pasado,
el pasado te devolverá la mirada”



   Paco (Francisco Santos Rodríguez) nació en el pequeño pueblo de Cártama, en la provincia de Málaga, el día 19 de Mayo de 1919.
    Cártama está situada al pie de dos pequeñas sierras (Espartales y Llana) que, juntas, forman la que se conoce como Sierra de Cártama.  Su territorio es fronterizo entre la comarca del Valle del Guadalhorce y la de La Hoya-Montes de Málaga, lo que favorece un aspecto que contrasta con la llanura agrícola, que extiende naranjales y hortalizas a ambas márgenes del Guadalhorce y las lomas redondeadas del norte del municipio por las que olivos y almendros con casas dispersas de labor asoman al valle el inconfundible paisaje de los Montes de Málaga. Dos paisajes que al oeste del río Guadalhorce, en la cuenca del río Grande, su afluente, se funden en cultivos aterrazados que suben naranjales y frutales desde regadíos del fondo del valle hasta lo alto de ondulaciones y pequeñas colinas. Y cuando parece que se acaban las tierras del municipio por su extremo occidental, Cártama añade un singular apéndice a su fisonomía: la Sierra de Gibralgalia. Se trata, en realidad ,de un conjunto de lomas que extienden los montes cartameños al corazón del Valle del Guadalhorce, en la confluencia de los términos municipales de Pizarra, Casarabonela y Coín.

    Su padre, Francisco Santos Díaz era un humilde arriero, hijo de Rodrigo Santos y María Díaz. Se había casado con Dolores Rodríguez Gómez, hija de Ana "La Patae", que era dueña de una posada en la calle principal del pueblo. Habían comprado una casa en la misma calle donde estaba situada la posada, en la calle Málaga, y allí habían nacido tres de sus hermanos: Rodrigo, Antonio y María. Cuando Paco nació, estos tenían 10, 8 y 6 años respectivamente. El trabajo que tenía su padre, aunque no le faltaba, y por ello tenía varios animales de carga, no generaba los suficientes ingresos para mantener a la familia.
    Acababa de finalizar la primera guerra mundial, en la que Alemania no había salido muy bien parada, y además, en ese mismo año se produjo el eclipse de sol más famoso de la historia. El hecho se produjo diez días después de su nacimiento, concretamente, el 29 de mayo, el físico británico, Sir Arthur Eddington, usó  dicho eclipse para probar un resultado de la teoría general de la relatividad de Albert Einstein. ¿Sería una premonición de lo que después la vida le depararía a Paco?
    Por otro lado, la situación en España no era muy pacífica que digamos. El mismo día de su nacimiento, a consecuencia de un mitin que se tenía que celebrar en Montilla, en la provincia de Córdoba, el Alcalde de la localidad denegó el permiso para su celebración y mandó a la Guardia Civil a disolverlo. Se produjeron disparos y como consecuencia, varios heridos.[2] Hechos como este se sucedían casi a diario a lo largo de la geografía española.
    Por esas fechas, reinaba en España el Borbón Alfonso XIII.  La cabeza del frente antimaurista la llevó Segismundo Moret, que obtuvo el poder el 22 de octubre de ese año, aunque el rey, en una acción sin precedentes le negó el Decreto de Disolución de las Cortes, por lo que el gobierno estuvo en una situación provisional, hasta que José Canalejas, verdadero restaurador de la unidad del partido liberal, accedió a la presidencia del Consejo de Ministros en febrero de 1910. En cuanto a la economía malagueña, a principios del siglo XX es esta una etapa de reajustes, afianzándose con cierta expansión y mejora de la agricultura, que se consolida como el sector dominante; el progresivo desmantelamiento industrial y el fluctuante desenvolvimiento del comercio. Todo ello, en el seno de una sociedad atrasada y escasamente alfabetizada, en la que una reducida oligarquía desempeña el papel hegemónico mediante el poder económico y político. Depresión económica, conflictividad social y dominación política hacen posible que también en la provincia malagueña, la oligarquía y el caciquismo sean señas indicativas del atraso con que la provincia se asoma al Novecientos.

    En este contexto crítico, el republicanismo pequeño burgués y el movimiento obrero irán afianzando sus posiciones, especialmente en Málaga capital. En esas fechas, Cártama contaba con una población de 5986 personas censadas.
    Juan Marín era un terrateniente de Cártama, cuya esposa era familia directa de una de las familias más pudientes de Alozaina, y allá por el año 1922 iba a construir una gran casa en dicho pueblo, no muy lejano de Cártama, y necesitaba de alguien que, teniendo caballerías, se encargara del acarreo de los materiales necesarios para dicha construcción. Ese trabajo se lo ofreció al padre de Paco, quien vio una oportunidad de salir de la situación en la que se encontraba, y que esperaba le facilitara un progreso imposible de conseguir en Cártama. Su padre no se lo pensó dos veces y aceptó la oferta. Una vez visto el lugar donde a partir de entonces iban a vivir, vendió todo lo que poseía y, con la familia y los animales, se trasladó a dicha población.
    Alozaina está situada entre los pueblos de Tolox, Yunquera y Casarabonela, en las estribaciones de la Sierra de las Nieves ( Sierra  Prieta) en su transición hacia la Hoya de Málaga. Su superficie es de 34,5 kilómetros cuadrados, rodeados de bastantes accidentes geográficos. Al Norte de su municipio, se encuentra la Sierra Prieta, donde el pico que lleva el mismo nombre alcanza la máxima altura del término, con 1521 metros, en el límite con Casarabonela. Al Oeste, Cerro Pelado, con 558 metros; Ardite, al Sureste, con sólo 459 metros, sirve de límite con Guaro; y, finalmente, la Loma del Pocico, de 634 metros, que separa las cuevas del río Jorox y Arroyo de las Viñas. Precisamente, este río y el manantial de Albar abastecen a la población. Población con el gentilicio de «pecheros» y que está en contraposición al de los habitantes de la vecina Casarabonela, conocidos por «moriscos». Estos apelativos no son de ayer ni de anteayer, sino que tienen su origen en la mismísima Reconquista por los Reyes Católicos. Rendida Álora y tomada aquella baja zona, también por esas fechas, cae Alozaina, el 20 de junio de 1484. Como quiera que el término fue repoblado con gentes venidas de fuera, además de los que se quedaron y no participaron en ninguna revuelta, todos a su vez tuvieron en cierta medida bienes y haciendas, por los que tenían que pagar el «pecho» o tributo. Es decir, que con el vocablo «pechero» se denominaba a todos los súbditos de la Corona que no eran nobles y, por tanto, no estaban exentos de tributos. En cuanto a personajes, aquí nacieron, por ejemplo, el doctor Ramírez, que llegó a ser presidente de la República Argentina; Diego Marín Sepúlveda, que fue presidente nacional del sindicato de Comunicaciones, Corcho y Vidrio; José Aguilar Rojas, primer director y Francisco Sánchez, maestro, fundadores de la banda de música; además de la bailaora Rita Ortega Feria, hermana de la «señá Grabiela», madre de los toreros «Gallo»; así como María de Sagredo, heroína local que hizo frente con éxito a una sublevación de moriscos en la segunda mitad del siglo XVI. Esta hazaña hizo que el rey Felipe II la nombrara alférez de los tercios españoles y le diera unas haciendas de moriscos en Tolox para su casamiento.[3]
    Lo primero que su padre tenía que hacer era buscar casa donde poder alojar a la familia. Alquiló  una, que era una posada, en la calle de Arriba, frente a donde se realizaría la obra de Juan Marín, y allí iniciaron una nueva vida. Paco contaba con tres años de edad cuando se produjo este traslado.

    Aquello les empezó a ir, económicamente, mejor que en Cártama.

    El abastecimiento de los materiales de la obra en la que su padre y sus hermanos mayores trabajaban;  los ingresos que producía la explotación de la posada, así como los numerosos trabajos de acarreos con las bestias que les salían, permitieron una economía más saneada. Aunque aquella posada no era muy espaciosa, siempre, y por el enclave en el que se sitúa el pueblo en un importante cruce de caminos, tenía una alta ocupación, sobre todo de arrieros y viajantes que se desplazaban por los pueblos de la provincia. Fruto de todo ese esfuerzo fue que, con el paso del tiempo, pudieron arrendar tierras para cultivo y así dejar de trabajar para otros.
    El padre de Paco era un hombre más bien bajo, de piel clara y con el pelo color rojizo. En Alozaina, pueblo muy dado a poner motes o alias, bien pronto buscaron uno para él : “El Rubio de la Posá”. A  lo largo de los años, la familia Santos-Rodríguez, y sus descendientes, son conocidos en el pueblo por ese alias.
    A mediados del siglo XIX, Alozaina vivió una época muy próspera. Tenía cerca de 4000 habitantes y se editaba un periódico, El Reformista Administrativo, que dirigía F. Martín de la Cruz. Contaba  además con tres librerías y otros tantos corresponsales del periódico y dos médicos. En el terreno industrial, existían dos molinos de zumaque, nueve de aceite y seis de harina. La afición a la música era tal que, aparte de la banda de música, se fundó un coro parroquial y se hacían representaciones de zarzuelas[4].  A finales del siglo XIX, las 2400 fanegas de tierras del término municipal de Alozaina pertenecían a la Duquesa de Montellano[5] y las restantes a los vecinos (parte de ellos tenían censo a favor de la Duquesa).

    La administración de dichas tierras, al parecer, fue otorgada a la familia Larios de Málaga y esta, a su vez, había delegado en la familia Trujillo de Alozaina.
    A los dos años de estar en este pueblo, la familia Santos aumentó con el nacimiento de José. Era el primer hijo que nacía en aquel pueblo, allá por el año 1924.
    Poco después, en el año 1925, su familia se trasladó a otra  casa situada en la calle Mesón (o calle Mesones), calle principal del pueblo, y que también estaba dedicada a posada, pero mucho más grande que la primera. Esta casa también fue arrendada a sus propietarios, hasta el año 1933 en la que por fin su padre la pudo comprar.
    Su niñez, como la de casi todos los de su edad, fue la etapa más feliz de su vida. Los juegos compartidos con sus amigos eran su principal distracción. El de la rueda, juego que consistía en rodar un aro, preferentemente de hojalata, y que se sacaban de las bases de los cubos de zinc que se utilizaban para el fregado y otros menesteres domésticos, mediante un hierro en forma de bastón, con un gancho en uno de sus extremos y que se adhería a dicho aro, era uno de sus preferidos. O el del escondite, que lo hacían principalmente en la plaza del pueblo. Otros juegos de esa época eran los del trompo, las canicas, el pilla-pilla y, por supuesto, al futbol, que lo hacían con pelotas hechas de trapo. La verdad es que tampoco había mucha variedad de juegos en aquella época, pero los que existían los niños los disfrutaban con plenitud.
   
    A los seis años, al igual que había ocurrido con sus hermanos, Paco empezó a trabajar. Su primer empleo fue el de porquero, es decir, el cuidado de los cerdos. Todas las mañanas se marchaba al campo donde, en unas corraletas[6] se encontraban los cerdos que debía de cuidar. Los sacaba de las corraletas para que comieran y debía de estar pendiente de que ninguno de ellos se extraviara en el espesor del campo. Ya  mayor, pasaría a otros trabajos como la siembra, el cultivo y, mientras  mayor se hacía, el trabajo sería de más dureza y responsabilidad.  La familia aumentaba cada dos años aproximadamente, y cuando cada uno de los hijos varones cumplía la edad adecuada, a cada uno de ellos se les destinaban unas tareas, todas ellas relacionadas con el campo. A las mujeres se les reservaban tareas domésticas, ayudando a su madre en la casa. De esa forma, para el año de inicio de la guerra, año 1936, su familia ya contaba con dos yuntas de mulos, una de vacas y otra de yeguas, además de sesenta fanegas de tierras arrendadas para siembra, y quince de olivos[7].

    Paco apenas si había ido al colegio, aunque le había dado tiempo a aprender lo más elemental para la época: leer, escribir y las cuatro reglas de aritmética. Lo normal, para los hijos de los obreros, para los pobres. Solo las familias pudientes podían dar a sus hijos una formación más completa. Eran ellos los que tenían en sus manos esa posibilidad. El resto del pueblo, mientras más inculto, mejor.

    No pudo realizar sus estudios en el único colegio que había en Alozaina, cuya construcción comenzó el mismo año en que Paco llegó al pueblo[8], pero que se terminó varios años después.
    La construcción de este colegio, más conocido en el pueblo por “El GrupoEscolar” fue un empeño personal del entonces alcalde, Antonio Sánchez Villatoro, que aprovechó la visita del rey Alfonso XIII al vecino pueblo de Pizarra, en el año 1921, para solicitarle esta obra tan importante para el pueblo.

    Su juventud la pasaba entre los cerdos y el campo, sin más fiestas que las que se celebraban, una vez al año en el pueblo, o la celebración de la Semana Santa, otra de las fiestas importantes del pueblo, pero su asistencia a estas celebraciones no llevaba consigo el abandono de las tareas encomendadas a cada uno de los componentes de la familia.

    Aunque su vida se desarrollaba en trabajos que hoy se catalogarían como impropios para su edad, eso era habitual en la España de los años treinta entre la clase obrera. Paco vivía feliz porque, aunque eran trabajos duros, los hacía en un buen ambiente, entre su familia, sin tener que trabajar para ningún potentado de la localidad, cosa muy habitual, no solo en Alozaina, sino  en toda  Andalucía.

    Paco ya había conocido varias situaciones políticas en España: la Restauración, la dictadura de Miguel Primo de Rivera[9] y la “Dictablanda” de Dámaso Berenguer.

    En Alozaina, como en la mayoría de los pueblos malagueños y andaluces, persistía el caciquismo y una serie de acontecimientos se sucedían casi a diario, debido al descontento de la clase obrera.

    Se ha denominado, acertadamente, al caciquismo, o al clientelismo en general, como "política en penumbra"[10] y una prueba de ello es lo escasas que son las pistas para estudiar la historia de los políticos malagueños que protagonizaron esta época y de los partidos Liberal y Conservador, que monopolizaron el gobierno durante ella.

    El paradigma de la política caciquil durante la Restauración en Málaga fue la familia Larios, perteneciente al Partido Conservador

    Su caso es el de un cacicato basado en el poder económico, pues no en balde eran los mayores contribuyentes de la provincia y probablemente los mayores también de toda Andalucía [11]. Pero no fueron los únicos. La política antequerana no podría explicarse sin Francisco Romero Robledo, desaparecido en 1905 dejando como heredero en la comarca a Francisco Bergamín. José Estrada, también conservador, fue elegido varias veces en Ronda y luego en la capital. Entre los liberales, destacan Eduardo Ortega y Gasset en Coín, Armiñán en Archidona y Tenorio en Ronda. 

    La discusión de las actas en el Congreso de los Diputados permite descubrir los distintos métodos empleados por el sistema para garantizar unos resultados electorales favorables al Gobierno de turno. Unas veces bastaban las influencias de los candidatos entre los electores, otras se acudía a la compra del voto con dinero o en especies. Cuando esto no era suficiente, podía recurrirse a la manipulación del censo, a la introducción fraudulenta de papeletas en la urna, o a la manipulación de las actas in situ o cuando estas viajaban desde los pequeños pueblos a la cabecera del distrito electoral. Tampoco era extraño el uso de la fuerza pública con fines electorales, o el envío de "delegados gubernativos" por el Gobierno civil para condicionar a los electores.

    Las fuentes ofrecen innumerables pruebas de la compleja maraña de intereses que incidían en el sistema político y electoral de la Restauración. La Casa Larios, por ejemplo, utilizaba políticamente la dependencia de los trabajadores empleados en sus ingenios azucareros en la costa y la de sus arrendatarios en la Axarquía. Sin ser el único caso, es sin duda el paradigma en la provincia de Málaga, y el centro de las denuncias de las fuerzas de oposición liberal, republicana y obrera. José Aurelio Larios pudo así permanecer 21 años como diputado por Torrox, y el partido conservador todo el reinado de Alfonso XIII.



    Había otros escalones menores en la pirámide caciquil, que servían de intermediarios entre los electores y los caciques del distrito o sus representantes. El diario "El Popular" denunció alguno de estos casos, como los de Gaucín y Cuevas del Becerro en 1905, o el de Alozaina en 1909. En este último, la función correspondía al cura párroco, Antonio Trujillo Portales, y el resto de la vida local se articulaba así: alcalde primero, cuñado del cura; primer teniente de alcalde, tío del cura; tercer teniente de alcalde, hermano del cura; secretario del Ayuntamiento, cuñado de una señora cuyos bienes administra el cura; depositario de fondos municipales, sacristán del pueblo, uña y carne del cura; recaudador de arbitrios, concuñado del cura; oficial primero del Ayuntamiento, tío del cura; oficial segundo, hermano del sacristán; maestro de instrucción pública, asesor del cura; médico titular, protegido del cura; juez suplente, hermano del cura; fiscal municipal, concuñado del cura; alguaciles del juzgado, sirvientes del cura.[12]

    En Alozaina, la representación del poder caciquil la ostentaba la familia Trujillo-Portales, y más concretamente uno de sus hijos: Antonio Trujillo Portales, el cura del pueblo, más conocido por “El Canónigo”. Este personaje logró que el rey Alfonso XIII le nombrara, por decreto real del 15 de diciembre de 1914 Canónigo de Canarias, tal y como se recoge en la edición 1ª del diario ABC de fecha 16 de diciembre de 1914. Más tarde, el día 25 de julio de 1936 murió asesinado en la finca “¨La Majadilla” de Alozaina.[13]

    Uno de los acontecimientos más sonados años atrás, precedente  de una larga lista de los ocurridos en Alozaina, y que demostraban  las luchas caciquíles por el poder en el pueblo, fue la muerte de  Rosario González Dueñas “La de Arbolá”, y en la que ya se notaba  la mano del “Canónigo” en su lucha por el poder.

    En 1902, en Alozaina a la altura de Los Hoyos de los Peñones, fue tiroteada, una vecina del pueblo llamada Rosario González Dueñas, esta mujer era hija del cosario del pueblo y como tal participaba del negocio familiar, así mismo era la esposa del Municipal de la época. Rosario fue tiroteada el 4 de abril de 1902 y murió el 17 del mismo mes.

    En aquella época, en Alozaina se vivía una situación económica dramática, (paro, hambruna y marginación), todo esto iba aparejada de una gran crisis política. En Alozaina, existían dos partidos: el Conservador y el Liberal. Estos partidos estaban controlados por los caciques del pueblo y respaldados por el Canónigo de Santa Ana, Antonio Trujillo. Con la crisis, la situación política cambió radicalmente, se alteraron los esquemas políticos tradicionales y en las elecciones municipales de 1900, resultó ganadora una candidatura no controlada por el caciquismo. La candidatura ganadora estaba escorada a la izquierda liberal y fue nombrado alcalde Francisco Rueda Trujillo. Viendo los caciques que no podían controlar el Ayuntamiento, pasaron a la acción, para abortar a la nueva corporación municipal. Las familias pudientes financiaron y
crearon malestar social contra el alcalde: había que derribarlo a toda costa. El Ayuntamiento fue bloqueado por los poderes provinciales y no recibía dotaciones económicas. Falto de recursos, subieron los impuestos, con paro, hambruna y marginación se produjo un Motín de "vecinos" los cuales incendiaron Las Casillas, (lugar del voto).El gobernador mando a la Guardia Civil y restablecieron el orden.

   
El gobernador, que, por supuesto, estaba con los caciques, plantea una comisión gestora que gobernara el pueblo, comisión compuesta por acólitos del caciquismo etc. Una partida de 20 "vecinos" del pueblo armada con pistolas, carabinas y mosquetones se apostaron en Los Hoyos de Los Peñones para matar al acalde, este de viaje a Málaga y por lo cual a su vuelta le darían muerte.

    Rosario que había apoyado activamente, la candidatura ganadora, salió con un mozo para avisar al alcalde del atentado, el alcalde retrasó la vuelta al pueblo y los apostados esperaban y viendo que el alcalde no aparecía, ojearon a lo lejos que Rosario se aproximaba montada en una cabalgadura, dispusieron matar a Rosario, esta fue abatida entre treinta y cuarenta
disparos y más tarde la golpearon a culatazos dejándola por muerta, alguien aviso a la G.C. y esta se presento en el lugar y vio que Rosario todavía estaba viva, la G.C. la llevo al médico y, viendo que se moría, avisaron al juez de Álora. Ante el juez, Rosario identificó a los 20 asaltantes, que posteriormente fueron detenidos.

    Rosario era una mujer muy adelantada para el tiempo que le tocó vivir, participó activamente con la candidatura, al ser una mujer popular y con dos ovarios bien puestos defendió la legalidad institucional, por lo cual dio su vida, mujer adelantada, porque, lamentablemente, a las mujeres se las apartaba de toda acción política y social, mujer heroica porque tuvo las agallas bien puestas al enfrentarse a una partida de 20 hombres. Rosario era conocida en el pueblo por Rosario "La Arbola" y parece ser que todavía se la recuerda con dichos populares y dicen en el pueblo, "Estas más loca que Rosario la de Arbola".

    El juicio por esta muerte, es de los más largos de la historia de la Justicia española, duró 11 años. Este juicio parecía infinito y tras la intervención del Parlamento, se reinició en abril de 1911  terminado en junio del mismo año.[14]

    Alozaina, como se puede ver, no se libraba del caciquismo asentado en toda Andalucía. Unos pocos eran los dueños de las tierras y el resto, hundido en la miseria.
    Se comenta que por aquellas fechas, unos cuantos de esos caciques, por las mañanas, se sentaban en una de las mesas de un bar, situado en la plaza del pueblo, con su café y su copa de licor frente a ellos. Los jornaleros esperaban en la plaza a que, alguno de ellos, les diera trabajo ese día. Si alguno de ellos se dignaba ofrecerles trabajo, ese día en su casa habría comida. Si no, deberían pasarlo prácticamente en ayunas y esperar a que el día siguiente fuera más propicio y tuvieran más fortuna.

    Muchas fueron las huelgas que durante los años treinta se produjeron en Alozaina, fruto del caciquismo férreo, la falta de trabajo y los impagos acumulados por parte de los pocos que dominaban el pueblo.
    Son innumerables las reseñas periodísticas sobre el tema, convirtiéndose este pueblo en un referente de la lucha obrera, no solo en la provincia de Málaga, sino en toda Andalucía. Así, por ejemplo, el diario ABC, en su edición del miércoles 27 de enero de 1932, recoge dos noticias sobre lo que estaba ocurriendo en Alozaina. En una de ellas se refiere a la huelga general que se registraba en Málaga, y relata la conversación del gobernador que, en tono jocoso, manifestaba: Que unos doscientos vecinos de la localidad de Alozaina, perteneciente al partido judicial de Lora (quiere decir Álora), pasaron la noche del domingo esperando que el faro del puerto de Málaga dejase de alumbrar, pues esa sería la señal del triunfo de la revolución que aguardaban para proceder ellos al reparto de tierras y mujeres.

    La realidad de los hechos, silenciados por el gobierno y la prensa, fue que el pueblo de Alozaina, desesperado ante la miseria que estaba padeciendo, esperaba una señal a través del faro de Málaga, de los que se habían desplazado a la capital, para proceder a proclamar la “República comunista de Alozaina”. La fatalidad, o la suerte, hicieron  que aquella noche el cielo de Alozaina estuviera cubierto impidiendo una visibilidad clara de la capital, y por tanto no se produjo dicha proclamación.

    Otro de los acontecimientos que convulsionó la vida de Alozaina fue el relevo en la alcaldía en el año 1934. Así lo recogía el diario La Vanguardia el 14 de julio de 1934:

    La entrega del Ayuntamiento a la Comisión gestora ante el delegado gubernativo se efectuó con toda normalidad y sin que hubiera el menor incidente. La diafanidad de la administración ha sido extraordinaria y el pueblo tiene que reconocerlo y proclamarlo. Al hacerse cargo el alcalde, señor Rubio, exclamó:

    ¿'Entonces, yo ya soy alcalde? Al contestarle afirmativamente, el delegado repitió: Bueno, entonces, tú, Francisco Díaz, y tú Juan González, quedáis cesantes. No volváis a aparecer por esta Casa. Y usted —-agregó, dirigiéndose al secretario—también lo está. Entréguenme las llaves de la Secretaria, el arma que lleva y la credencial. El secretario se negó, alegando que era funcionario administrativo y no  se podía destituir sin expediente, y dijo que las llaves no las entregaba porque él era responsable de la Secretaría. El incidente terminó con la  intervención de otras personas. La esposa  del secretario refiere que  al día siguiente dé tomar posesión la Gestora se celebró una sesión extraordinaria y que el presidente de la Comisión comunicó que el señor Luna había cesado como secretario.' Pidió que le entregara las llaves de la Secretaría. El secretario protestó, diciendo que era un atropello, y pidiendo se levantara acta notarial.Los otros pretendieron obligarle violentamente, y el señor Luna sacó una pistola y disparó después. Tras el secretario—continúa la esposa de este—salió Francisco Gutiérrez, uno de los gestores, quien disparó e hirió a Luna en el vientre. Momentos después, José Trujillo disparó sobre la esposa de Luna y no hizo blanco.

    El alcalde destituido acusa como único responsable de todo lo ocurrido al canónigo señor Trujillo, que ha sido, y parece quiere seguir siendo, cacique de Alozaina[15].

    Aquí se notaba, una vez más, la mano del caciquismo pechero, en la figura del cura del pueblo, Antonio Trujillo Portales.

    Pero también existían cosas buenas. Por ejemplo, Alozaina era la única población malagueña que contaba con una banda de música, la cual amenizaba las ferias de ganado que se celebraban en la localidad, una de las más importantes de la provincia, y durante la Semana Santa.                                                    
    La Banda de Música de Alozaina es la más antigua de la provincia de Málaga y una de las más antiguas de Andalucía. Sus comienzos se remontan a mediados del s. XIX, cuando un maestro de escuela, D. Francisco Sánchez, comenzó a enseñar música a un grupo de alumnos entre los que se encontraban los hermanos Aguilar Rojas, hijos de Roque Aguilar, del que viene el sobrenombre -Roques- a toda la familia. Poco a poco, se consigue formar una banda de música que desde aquella época no ha dejado de realizar actuaciones por toda la provincia de Málaga, algunas de ellas tan importantes como la inauguración del pantano de El Chorro ante el rey Alfonso XIII. En el año 1925, por desavenencias familiares se divide la Banda en dos, pero al poco tiempo se vuelve a reunificar.
    El segundo director fue Andrés Rivas de la Torre. Un acta del Pleno del Ayuntamiento  nombra a Andrés como director de la Banda de Música (28-8-1907). El tercer director fue Diego Aguilar Gil. Entre 1915 y 1920, no se sabe exactamente, se hace cargo de la dirección. Tras la marcha de Diego, le sucede en la dirección su primo José Aguilar González (Pepito Roque) que tenía grandes cualidades musicales. Durante su etapa, la Banda llegó a tener un excelente plantel de músicos 
   Tras la marcha de Pepito Roque a Málaga se hace cargo de la Banda su primo Juan Aguilar González (1900-1976), hijo de Juan Aguilar Rojas. Esto ocurría hacia el año 1935. En 1944, Juan Aguilar decide abandonar la dirección de la Banda y la música, retirándose a su oficio de zapatero.
    Cuando se retira Juan Aguilar, vuelve como director José Roque, como le llamábamos todos los que le conocimos. Debido a su experiencia anterior, José Roque tomará la batuta con decisión y arrastrará tras de sí a mayores y jóvenes que aprenderán de su mano las notas musicales.[16]
    Con el tiempo, Paco entraría a formar parte de la familia del director de la banda de música de Alozaina, José Aguilar, al casarse con una de sus hijas: Isabel Aguilar Campos.

    Otro de los acontecimientos muy celebrados a lo largo de los años, era la Semana Santa. En contraste con el laicismo de una gran mayoría del pueblo, esta festividad estaba muy arraigada. Varias eran las hermandades creadas a través de los siglos, y que hacían que esta fuera una de las más populares de la comarca.
    Una de las características era la representación de los Apóstoles que acompañaban a las distintas procesiones, la que se hacía con gente del pueblo las cuales cubrían su rostro con caretas dibujadas con los rostros de cada uno de ellos.

    Cuando contaba apenas 12 años, en España se produjo un hecho histórico: al ganar en la mayoría de las capitales de provincias los republicanos en las elecciones del 12 de abril de 1931, el día 14 se proclamó la II República, propiciando la salida de España del monarca Alfonso XIII.

    Tomó el poder un gobierno provisional presidido por Niceto Alcalá-Zamora desde el 14 de abril hasta el 14 de octubre de 1931, fecha en que presentó su dimisión por su oposición al laicismo del Estado, recogido en el artículo 26 de la nueva Constitución, siendo sustituido por Manuel Azaña. El 10 de diciembre de 1931 fue elegido Presidente de la II República Española Niceto Alcalá-Zamora.
Por esas fechas España contaba con 24 millones de habitantes, con  la mitad de la población analfabeta en donde 20000 personas eran dueñas de la casi totalidad de la tierra cultivable, el pueblo albergaba el germen de la "justicia social". El campesinado estaba sumergido bajo el yugo de arrendamientos leoninos. En la granja de España, como se denominaba a la zona de Valencia, un campesino solo disponía de la 20.ª parte de su cosecha para su usufructo, el resto era para el propietario de las tierras. Su vida transcurría en una mísera choza y los elementos de labranza debían ser comprados a precios exorbitantes. Sin ningún derecho, su esclavitud era secular[17]. En los cortijos de Andalucía, el régimen era de una situación casi feudal. Los terratenientes dormían el sueño de los justos mientras sus fundos producían con el trabajo de los campesinos.
Cumplidos los 15 años de edad, Paco ya sentía, además de las inquietudes propias de cualquier muchacho de su edad, una especial sensibilidad para con los más débiles. Creía en la solidaridad, en la libertad de las personas, y no comprendía la actitud de los ricos del pueblo para con los más necesitados. Esto le hizo afiliarse a las


Juventudes Libertarias de la C.N.T. y que, en la calle La Villa tenían su lugar de reunión. Aquello, muchas veces, les servía a los jóvenes de lugar de encuentro y esparcimiento, ya que no existían lugares donde hacerlos.

    El  sindicato CNT se constituyó en Alozaina en 1931. La primera Junta Directiva estaba formada por: Bartolomé Sedeño García (presidencia), Santiago Trujillo Martín (vicepresidente), Pedro Carrasco Navarro (tesorero), Francisco Sánchez Trujillo, Juan Sepúlveda Rueda, Salvador Rueda Trujillo, Salvador Merino Rivas (bibliotecario). Vocales: Francisco Vicario Sánchez, Miguel Sepúlveda Portales, José Gil Urquisa, Francisco Méndez Campos, Francisco Méndez González, Andrés Campos Rueda, Francisco Guerrero Rueda, Antonio Benítez Aguilar, Gabriel Bermúdez, Francisco Navarro Méndez, Miguel Guerrero Sepúlveda, Juan Gil Urquiza. En Marzo de 1936, se traslada el sindicato a C/ Mesones nº  33, siendo presidente José Díaz.
    Las comandancias de la Guardia Civil informaban periódicamente de la existencia de las sociedades obreras, del número de afiliados, de las personas más destacadas, de si están o no en funcionamiento los locales, y de los problemas de orden público, y delincuencia que podía haber.
    Esto era indicativo de la situación laboral, social y política que existía en Andalucía, y en particular en la provincia de Málaga.
    Esta conflictividad surgía porque los patrones se negaban a dar trabajo. No aceptaban las bases de trabajo y obligaban a tomar medidas a las organizaciones obreras, ya que la huelga era la única arma de que disponían, para no morir de hambre y de necesidades.

    En Alozaina, el sindicato único de trabajadores y oficios varios de la CNT contaba con 200 afiliados y tenía el local clausurado según informa el sargento de la guardia civil el 30 de diciembre de 1935.

    El puesto de la guardia civil de Alozaina había comunicado en un informe del 3 de noviembre de 1935, que existían tres sociedades: la defensa de trabajo de UGT, con 52 afiliados, y presidente José Pérez González. La juventud socialista con 16 afiliados, al que pertenecía Paco, y cuyo presidente era Fernando Pérez. El sindicato único de trabajadores de la CNT, con 314 afiliados, siendo presidente José Díaz Pérez; Merino Rivas (secretario) y Andrés Campos Rivas (tesorero).[18] 

    En febrero de 1936, la CNT de Alozaina se reorganizó, después de la clausura de su local, entrando a formar parte de su comité el militante Antonio Guerrero Sepúlveda “Conejito” quien realizó un buen trabajo organizativo, no solo en Alozaina, sino en toda la comarca y que posteriormente sería un miembro destacado en la lucha contra las tropas franquistas.



LA GUERRA


“La guerra nunca es gloriosa, no es nunca una aventura.
La guerra tiene verdaderamente el sabor del infierno.”


 El día 18 de Julio de 1936, año del inicio de la guerra, Paco contaba con diecisiete años y  ya habían nacido cinco hermanos más: Ana, Juan, Manuel, Rafael y Miguel. Se había convertido en un verdadero hombre, de unos 1,65 metros de estatura[19], de complexión fuerte (debido al duro trabajo del campo), y de tez morena y pelos de color negro.
    Ese día se encontraba, junto a sus hermanos mayores trabajando en una de las tierras arrendadas por la familia, denominadas "El Castillito". Estas tierras se encuentran en la zona denominada "Los Valles", tierras muy buenas, junto a un río, y que su padre las había sembrado de garrotes de olivos. Su nombre se debe a que, al parecer, en aquel lugar había existido un castillo árabe.
    Su padre, ese día, se había quedado en el pueblo para hacer algunas gestiones. Por aquella época no estaba bien visto el que los hijos fumaran delante de sus padres. Aquel día, el hecho de que su padre no estuviera en el campo, les daba un plus de confianza a la hora de fumar, sabiendo que nadie les iban a regañar. En uno de los descansos que realizaron los hermanos para consumir unos pitillos, mientras daban descanso a sus cuerpos de la dura labor del campo, avistaron la figura del padre que se acercaba al lugar.
Traía un andar distinto a la de otros días, titubeante y cansino. En su cara se podía apreciar la tragedia. Adivinaron, al momento, que se había creado una situación distinta, peligrosa, tal vez.
Los reunió a todos, y les dijo:

     - “Hijos míos, todos los esfuerzos por tener una vida digna, para evitar pasar hambre, para que todos tengáis un futuro asegurado, han fracasado. Lo que acaba de ocurrir es lo peor que os podéis imaginar”.

    Las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas.

     -“Siempre he querido - continuó - que llegaseis a tener la edad suficiente para valeros por vosotros mismos, pero ahora quisiera que fueseis niños pequeños. Ha empezado una guerra que, posiblemente, nos traiga muchas desgracias. Que Dios os bendiga a todos”.-

    Las lágrimas surcaban sus mejillas tostadas por el sol y endurecidas por el aire. Paco vio como su padre lloraba. Nunca había pensado que un hombre pudiera llorar de la forma en la que él lo hacía.
    Quedaron atónitos, intentando descifrar el significado de aquellas palabras, de aquellas lágrimas, de aquella actitud del padre. Los hermanos más mayores que Paco asimilaron rápidamente la noticia.
    Parecía como si lo supieran antes que su padre.


   Comenzaron a recoger los aparejos, en silencio, y dieron por finalizada la jornada en el campo. Se encaminaron hacia el pueblo, haciendo una parada, como a diario, en la fuente “El Arbal”[20], situada a la entrada del pueblo, para que las caballerizas bebieran. Ya en el pueblo el ambiente era distinto al de otros días. La gente andaba con prisas, apenas si se paraban, y solo lo hacían para comentar lo que acababa de ocurrir.

    Entonces, Paco empezó a comprender algo el alcance de las palabras de su padre, comprendió que algo gordo estaba ocurriendo.  La gente se arremolinaba ante los escasos aparatos de radio que existían en el pueblo. Las emisoras solo transmitían marchas militares cortadas, de cuando en cuando, por comunicados anunciando el inicio de la guerra.

    Ese mismo día, el general Francisco Franco firmaba el parte de declaración del estado de guerra en España:
BANDO DE DECLARACIÓN DEL ESTADO DE GUERRA EN MARRUECOS.
Don Francisco Franco Bahamonde, General de División, Jefe Superior de las Fuerzas Militares de Marruecos y Alto Comisario.
HAGO SABER:

    Una vez más el Ejército, unido a las demás fuerzas de la Nación, se ha visto obligado a recoger el anhelo de la gran mayoría de los españoles que veían con amargura infinita desaparecer lo que a todos puede unirnos en un ideal común: España.
    Se trata de restablecer el imperio del orden dentro de la República, no solamente en sus apariencias o signos exteriores, sino también en su misma esencia; para ello precisa obrar con justicia, que no repara en clases ni categorías sociales, a la que ni se halaga ni se persigue, cesando de estar dividido el país en dos grupos: el de los que disfrutan del poder y el de los que eran atropellados en sus derechos, aun tratándose de leyes hechas por los mismos que las vulneraron; la conducta de cada uno guiará la conducta que con relación a él seguirá la autoridad, otro elemento desaparecido de nuestra Nación y que es indispensable en toda colectividad humana, tanto si es en régimen democrático, como si es en régimen soviético, en donde llegará a su máximo rigor. El restablecimiento de este principio de autoridad, olvidado en los últimos años, exige inexcusablemente que los castigos sean ejemplares, por la seriedad con que se impondrá y la rapidez con que se llevarán a cabo sin titubeos ni vacilaciones.
    Por lo que afecta al elemento obrero, queda garantizada la libertad de trabajo, no admitiéndose coacciones ni de una parte ni de otra.   Las aspiraciones de patronos y obreros serán estudiadas con la mayor justicia posible, en un plan de cooperación, confiando en la sensatez de los últimos y en la caridad de los primeros, hermanándose con la razón, la justicia y el patriotismo, sabrán conducir las luchas sociales en un terreno de comprensión, con beneficio para todos y para el país. El que voluntariamente se niegue a cooperar o dificulte la consecución de estos fines será el que primero y principalmente sufrirá las consecuencias.
Para llevar a cabo la labor anunciada rápidamente,
ORDENO Y MANDO:
Artículo 1º.- Queda declarado el estado de guerra en todo el territorio de Marruecos Español y, como primera consecuencia, militarizadas todas las fuerzas armadas, sea cualquiera la autoridad de quien dependían anteriormente, con los deberes y atribuciones que competen a las del Ejército y sujetas igualmente al Código de Justicia Militar.
 (Leído en Melilla, el 17 de julio de 1936, al iniciarse el Movimiento Nacional)
    Desde ese momento, España quedó dividida en dos partes: la republicana, fiel al orden institucional, y la rebelde,esta de carácter fascista, propiciada por un golpe de estado. Estas dos zonas, más tarde, y por parte de los rebeldes, fueron bautizadas con los nombres de Roja" y "Nacional", respectivamente.

    Comenzaron las movilizaciones en toda España. En el aire, a través de las emisoras de radio; en los diarios; pintadas en las paredes, en todos los lugares públicos, se alentaba a unirse a la lucha armada en defensa de uno u otro lado.

     - ¡Españoles! ¡Hombres y mujeres! ¡La República os necesita, España no debe caer en manos del fascismo internacional! ¡No solo está en peligro España, sino vuestra propia libertad! ¿Alistaos al ejército republicano!

    - ¡Españoles, la Patria os necesita! ¡La República se tambalea para dar paso al Comunismo! ¡Viva Franco! ¡Arriba España!



    Comunicados de este tipo se podían leer y escuchar por todos los rincones de España, y se repetían hasta la saciedad.

    Los hombres se mataban, no solo en los campos de batalla, sino en las ciudades, en los pueblos, en cualquier lugar. Los intereses particulares afloraban. Morían hombres, mujeres y niños. Familias enteras morían por venganzas personales. Los temidos "paseíllos" se sucedían constantemente.
    El "paseíllo" era un método utilizado en la retaguardia para eliminar con urgencia al enemigo no combatiente. Podía tratarse de un fusilamiento informal o, simplemente, de disparos a quemarropa. El odio se puso a la cabeza de los intereses que habían llevado a España a una guerra fraticida.

    Los saqueos a las casas y personas, así como las amenazas, eran objetivos prioritarios.
     La familia de Paco no podía ser menos. Con el transcurso de la contienda, le fue requisada una hermosa y valiosa caballería, así como las cosechas, conseguidas con el sudor de todos ellos durante tantos años. Nadie se podía oponer a tales decisiones. No obstante, tal vez porque su familia, que se llevaba bien con todo el pueblo, fuera procedente de otra ciudad, y el no tener ningún otro familiar allí, hicieron que jamás se sintieran amenazados o coaccionados por ninguna persona, fuese y defendiese a cualquiera de los dos bandos en los que se dividió toda España.

    A pesar de la guerra, la vida debía seguir, el trabajo había que sacarlo adelante, y debían acudir a diario a los campos, fuente principal de sus recursos. Paco pasaba largas horas tratando de dar una salida a su situación personal. En él, se enfrentaban dos ideas: la de ofrecerse voluntario para luchar a favor de la República, en defensa de lo que él creía justo, o la de quedarse en el pueblo, trabajando en el campo, y dejar pasar la vida. La decisión que tomó le marcaría para el resto de su vida, cambiándole radicalmente el camino que tenía trazado.
    Pronto, comprendió que esta nueva situación que se había producido en el país no ayudaría mucho a solucionar los problemas que se daban en España.

    Paco tenía en Simón Campos “El Menuíto” a un buen amigo. Ambos pretendían a dos hermanas del pueblo: María y Natividad Navarro, las de “Tomasena” como eran conocidas en el pueblo. Simón, además, tenía las mismas inquietudes políticas que él y era compañero afiliado a la CNT. Natividad (Nati) era su primer amor, el amor de juventud, era “su novia”.
    Después de mucho reflexionar sobre el asunto, y junto a Miguel Navarro y Juan “El de Filomena”, junto a otros compañeros más, tomaron lo que sería la decisión más importante de sus vidas: alistarse en las milicias populares.
    Así se lo hizo saber a Nati la cuál intentó, en vano, convencerle para que se quedara en el pueblo, para que abandonara lo que ella creía una idea descabellada, pero que él lo consideraba un deber. Nati no lo consiguió. En la cabeza de Paco estaba muy clara cuál debería ser su aportación en la defensa de sus ideales.

    Para poder alistarse, deberían trasladarse a Málaga, ya que en el pueblo, debido a la condición de menores  de edad, no les dejarían alistarse.[21]
    El día 20 de Agosto decidieron marcharse hacia la capital para alistarse en el ejército y poder luchar contra los que querían destruir sus perspectivas de futuro.
    Lo que durante toda su vida había vivido en su entorno familiar, la comprensión, la tolerancia, la lucha por la dignidad humana, estaban en peligro, y él, con esa decisión, quería que esas máximas persistieran.

    La carretera que unía Alozaina con Málaga, la capital, aparecía desierta. Las fantasmagóricas sombras de los árboles se proyectaban sobre los guijarros amalgamados que formaban el piso de la misma. Cuatro jóvenes dispuestos a luchar se encaminaban hacia un destino incierto. Todos aquellos jóvenes se lanzaban a la aventura sin más valijas que lo que llevaban puesto. Un poco de dinero para poder sobrevivir mientras se alistaban. Y mucha ilusión.
    No llevaban más de cuatro kilómetros, cuando divisaron una camioneta que se acercaba, en su mismo sentido, hacia ellos. Esta detuvo su marcha cuando se encontraba junto a ellos.

    -¿Para dónde vais? – preguntó su conductor.

    Inmediatamente los jóvenes reconocieron a su interlocutor: Miguel “El Tuerto”, vecino también de Alozaina.

    -Vamos para Málaga – contestaron. - ¿Nos puedes llevar? – preguntó uno de ellos.

    -Claro que sí. Subid al cajón.

    Subieron rápidamente a la parte trasera del camión y se sentaron, en un rincón, sobre el piso de madera del cajón del camión.
    Se sintieron más seguros conforme se alejaban de Alozaina y se aproximaban a su lugar de destino. No tenían miedo a la lucha, para eso se dirigían hacia la capital, pero sí a sus padres  que, en cualquier momento, podían aparecer y convencerlos para que volvieran al pueblo y desistieran de sus pretensiones. 
    Podrían pensar que aquello era una “chiquillada” y que deberían volver al seno familiar. Nada más lejos de la realidad. Habían madurado la idea durante bastante tiempo y no darían un paso atrás.

    Nada más llegar a Málaga, se personaron en los cuarteles, en los lugares de reclutamiento; anduvieron media ciudad en busca de un lugar donde admitieran sus solicitudes de alistamiento. Pero en todos los sitios a los que acudían les decían lo mismo: "no tenemos armas".

     -¡No se lo podían creer! 

    Habían dejado atrás unas familias, novias, amigos, un trabajo que realizar, para poder alistarse, y ahora no encontraban un lugar donde poder hacerlo. La gente hacía colas deseosas de luchar, y solamente, cuando se producían bajas, se podía acceder a una plaza en el frente. La falta de armamento era la causa principal por lo que no se podía reclutar a más gente.
    Todos querían luchar. Todos querían defender la libertad, y la legalidad vigente, pero seguía subsistiendo el problema: No había armas.



    Decidieron separarse con la esperanza de que, tal vez, de esa forma pudieran encontrar mejor un lugar donde admitieran sus solicitudes de alistamiento. Una baja, tal vez; una remesa de armas… cualquier cosa podía ser válida para ir a luchar al frente.



    Paco llevaba ya cinco días buscando. Cinco días eternos en los que, los pensamientos de fracaso de la primera decisión seria que emprendía por sí solo, aparecían continuamente en su mente




    Cinco eternos días, sin apenas dormir, con la esperanza de encontrar un hueco donde poder alistarse. Otra de las dudas que le embargaban era el de la edad. Paco era menor de edad, pero un cuerpo y unas facciones que, curtidas por el trabajo del campo, le hacían concebir la esperanza de que nadie se diera cuenta de ello.




    Estaba casi a punto de abandonar su aventura y regresar al pueblo, cuando en una de las calles de Málaga se encontró con un paisano suyo,  Miguel Guerrero Sepúlveda[22] alias “Conejito”. El era uno de los encargados de reclutar a milicianos, ya que pertenecía a la ejecutiva de la CNT en Alozaina por lo que, su encuentro, le pareció a Paco un milagro. Miguel había formado, como muchos de los delegados de la CNT, un grupo de diez hombres, a los que había abastecido de armas suficientes para la lucha, y se disponían a trasladarse al frente, en la zona de Granada.

    -¿Qué haces tú aquí? - le preguntó.

    - He venido a alistarme para poder luchar, pero no encuentro a nadie que me avale - le respondió. – ¿Cómo es posible que no haya armas para luchar? - preguntó.
    - La cosa está mal. Es verdad que apenas si hay armas –prosiguió Miguel-, pero, pronto, tendremos armas suficientes para todos -

    Era su última oportunidad, y ni siquiera su paisano le iba a ayudar. En su rostro se dibujó la desilusión y el fracaso.

    - ¿Tú quieres, de verdad, luchar? – preguntó Miguel, viendo la frustración que Paco sentía.

    - ¿A qué te crees que he venido a Málaga? – respondió-. Lo he dejado todo por la lucha, y ahora me tengo que volver al pueblo por culpa de la escasez de armas.

    - No te preocupes – le dijo -. Paco "Lajare"[23], que formaba parte de mi grupo, está enfermo y, por ahora, no puede venir. Si quieres, puedes ocupar su lugar.

    A Paco se le cambió la cara. Su semblante cambió radicalmente cuando Miguel le dijo que él podía ocupar dicha vacante.

    -Por supuesto que quiero – respondió con una sonrisa.

    Por fin lo había conseguido. Por fin lucharía junto a sus compañeros en defensa de sus ideales. Por fin sus sueños empezaban a tomar cuerpo, se enfrentaría a los que querían destruir sus sueños de libertad, cara a cara; de hombre a hombre.
    Inmediatamente se trasladaron a uno de los cuarteles de la capital malagueña, donde formalizaron el alistamiento. Todos sus miedos anteriores quedaron entonces disipados.




   

    












[1] 23 Diciembre 1949 el Pleno de las Cortes del Reino presentaba el Presupuesto del Estado para el año 1950.
[2] ABC, del 19 de mayo de 1919, edición de la tarde.
[3] Fuente: Guadalhorce.net
[4] Asociación Cultural Banda de Música de Alozaina www.bandamusica alozaina.com
[5] Mª Pilar Osorio y Gutierrez de los Rios, Marquesa de Montellano (1829-1921)
[6] Corral pequeño adicionado al caserío o aislado en el campo, que se destina a guardar enseres, útiles, etc.

[7] Según el marco de Castilla, una fanega de tierra equivale a 6459,6 metros cuadrados, aunque también es muy variable según los lugares.
[8] Fuente: Sur Digital
[9] Dictadura de Primo de Rivera 13 septiembre 1923 hasta 28 de enero de 1930
[10] Robles Egea, 1936
[11] Tusell, 1976, Ramos Palomo 1991
[12] Diario Sur, Málaga.
[13] Fuente: www.diocesismalaga.es
[14] “Los de Arbolá”. Ángel Rueda
[15] La Vanguardia, edición del sábado 14 de julio de 1934.
[16] Fuente: www.wateque.net
[17] Vicente Blazco Ibáñez en "La Barraca" nos da una imagen acertada de la situación.

[18] Información y documentos extraídos del archivo provincial de Málaga
[19] La media en España en esas fechas se situaba en los 1,62 metros.
[20] El Nacimiento de El Albar y su conducción hasta la fuente del mismo nombre a través de un acueducto que circulaba por el camino de Castejón o de Alozaina al Albar, son obras hidráulicas que completan el conjunto de Los Peñones, un complejo arqueológico de extraordinaria importancia, que da muestra de un asentamiento humano mediante una extensa necrópolis de tumbas excavadas en la roca y un lugar de culto asímismo excavado en la roca. Fuente: sierradelasnieves.com
[21] La mayoría de edad estaba establecida en los 21 años, y en los 23 años para ejercer el sufragio universal (poder votar).
[22] Miguel Guerrero Sepúlveda, alias “Conejo de Alozaina”, era miembro de la CNT y fue uno de los organizadores de SOV. Fue miembro de la Comisión de Cultura y la propaganda que organizó la CNT en los pueblos vecinos. En el 1936 fue miembro de la ejecutiva de la CNT en su pueblo. Fue capturado en Valencia a finales de la guerra e ingresado en un campo de concentración de Alicante, de donde logró escapar. Se fugó hacia Tanger y de ahí pasó a Casablanca. Miguel Guerrero pasó a Francia y se instaló en Jordani. Murió en Lyón el 4 de marzo de 1965. Fuente: “Los de la Sierra” en francés.
[23] Francisco Navarro Méndez, “Paco Lajares” murió asesinado en Málaga el 7 de noviembre de 1940.
[24] Francisco Navarro Méndez, “Paco Lajares” murió asesinado en Málaga el 7 de noviembre de 1940.