lunes, 30 de marzo de 2015

EL DESTINO DE UNA VIDA, FRANCISCO SANTOS RODRÍGUEZ "PACO EL DITERO" , Y ÚLTIMA

                                    PENAL DEL PUERTO DE SANTA MARÍA

“Un prisionero es un predicador de libertad.”

Friedrich Hebbel





                        Penal del Puerto de Santa María


    Pero, ¿qué era aquello? ¿Adónde habían ido a por tantos guardias civiles?
    Aquello era un hormiguero de miembros de la Benemérita. Además, todos parecían cortados por el mismo patrón.  Tendrían que tener unas órdenes muy estrictas, porque tenían la cara, como vulgarmente se dice, de "mala leche".
    Fueron esposados de dos en dos, y cada grupo de diez, enlazados por un cordel que, a través de las esposas, les ataban las manos. Esto era la llamada “cuerda de presos”.

    Desde lo alto del cerro donde se encontraba el penal, se observaba cómo la Guardia Civil había desplegado sus fuerzas para evitar cualquier altercado. Dos filas de guardias hacían un pasillo por donde debían pasar los presos, y más bien parecía un camino abierto en plena selva.
    Nadie decía nada. Nadie hablaba. ¿Dónde les llevarían? ¿ Cuál sería su nuevo destino? Nadie decía nada. Aquellas medidas de seguridad tan espectaculares tenían que tener un motivo muy importante.

    Padres, madres, hijos, novias... fueron acompañando a los presos hasta la estación de trenes, con la intención de besarles, abrazarles... o al menos, saber adónde les trasladaban. La férrea disciplina de la Guardia Civil impedía cualquier contacto con los presos. Nadie pudo enterarse de su nuevo destino. Nadie se pudo acercar a ninguno de aquellos presos.

    Una vez que el tren, en el que introdujeron a todos los internos del penal, avanzaba en su recorrido, se empezarían a ir desvelando algunas de las incógnitas que precedían a aquel viaje.

    El sur de España era el nuevo destino. Las medidas de seguridad estaban más que justificadas. El tren debería de pasar por Despeñaperros, en Sierra Morena, y allí todavía existían hombres luchando en contra del régimen fascista establecido por la fuerza en España. Temían, los responsables del traslado, algún ataque desde las montañas,  que pudiera liberar a los presos.
    Los guardias no disimulaban sus temores. A muchos se les reflejaban en las caras el miedo que estaban padeciendo.
    Aquellos hombres, prisioneros de guerra, se percataron de la situación, y, a su forma, colaboraron a que aquel sentimiento siguiera creciendo.

    - Guardia, quiero ir al servicio - decía uno.

    - Guardia, que me meo encima - replicaba otro.

    - ¡Pues revienta! - les contestaban.

    Era una guerra psicológica, la única forma que aquellos hombres tenían, la única que les habían dejado.


   Tren directo al nuevo destino. Sin parar en ninguna estación.
    Momento crucial fue el paso del tren por Despeñaperros. Desde el día anterior, fuerzas de la Guardia Civil y del Ejército habían tomado posiciones en toda la zona con el fin de evitar cualquier intento de ataque por parte de la guerrilla.
    La tensión, ahora, se podía apreciar en su mayor grado. Los guardias civiles parecían que ni respiraban a su paso por el desfiladero. Nadie se podía mover de sus asientos. Habían incluso apostados a algunos de ellos en el techo del tren, con fusiles ametralladores.

    Por fin para los guardias llegó el descanso, habían pasado por Despeñaperros sin novedad. Entonces permitieron que, los presos, de dos en dos, pudieran acceder a los servicios del tren para hacer sus necesidades.

    Después de muchas horas de recorrido, llegaron a su nuevo destino, el Puerto de Santa María, en Cádiz.

    Una vez repetida la misma operación que a la salida del penal de Chinchilla, y una vez en el cuerpo de guardia de este centro, fueron entregados al cuerpo de prisiones del penal. En la parte antigua, más conocida como el Penal Viejo, fueron instalados. Parte reservada solo para presos políticos.

    Era el día 7 de agosto de 1.945, día del inicio de una nueva etapa para Paco. Otra etapa más en su vida.

    El Penal Viejo constaba de cinco brigadas, cuatro de ellas destinadas a los recién llegados. La quinta estaba destinada para enfermería. Paco fue destinado a la segunda brigada.


    Aunque había más luz que en los anteriores penales y cárceles, influyendo en ello la luminosidad del cielo andaluz, empezaba otro nuevo calvario. Para empezar, les habían separado del resto de la población reclusa.  Seguirían sin información de lo que acontecía fuera de aquellas paredes.

    Aquellos hombres, presos políticos, fuguistas, incendiarios, tenían que tener un trato distinto a los demás presos. Tenían que estar separados, para no "contagiar" con sus ideas a los demás[1].

    Como remedio, para que el aislamiento no fuera total, habían puesto, en cada brigada, un preso común que servía de enlace. Estos presos, la mayoría de las veces, eran personas afines a las ideas de los opresores, por lo que no eran de fiar.
    Una de las misiones del enlace era la de traer del economato lo que el resto de presos le pedían, si es que alguno de ellos tenía algún dinero.

    El plato fuerte del economato eran los higos, las algarrobas, los arenques, y cosas similares. Todo ello, si se poseía dinero, cosa que no todos los presos tenían, solamente los que sus familias residían en Cádiz o pueblos de la provincia, que tenían más oportunidades de acercarles dinero para que no murieran de hambre, o cuando les llegaban algún paquete, a los que sus familias residían más lejos, y si los guardias, en su celosa revisión de los paquetes, no se quedaban con dicho dinero. Las compras que se realizaban en dicho economato se las tenían que entregar en presencia de un funcionario, quien lo examinaba minuciosamente, para evitar que pudieran introducir algún mensaje.

    Había días en que, a las once de la mañana, no había nada en la cocina para dar de comer a 6000 presos. En las perolas no había ni un lunar de grasa y la gente moría. Más del 70% de los presos padecía avitaminosis. Así los presos, a pesar de los esfuerzos que personalmente realizaba el director para encontrar alimentos, se morían de hambre por falta de comida (sólo en el mes de marzo de 1941 murieron 78 presos).



    Cada día, podían salir al patio y hablar con el resto de presos. Eso sí, deberían hacerlo en grupos no superiores a tres personas.
Igualmente, eran frecuentes los recuentos de presos. Al toque de corneta, todos al patio a formar. Comenzaba el recuento con la lectura de todos y cada uno de los nombres y apellidos de los prisioneros, por brigadas. Una vez concluida esta, se daba lectura a las nuevas condenas, los traslados… Todo terminaba con el canto obligado del “Cara al sol”, himno fascista de la Falange española, rematado con los gritos de rigor: “España… ¡una!, España… ¡grande!, España… ¡libre!, José Antonio Primo de Rivera… ¡presente!, viva Franco… ¡viva!, arriba España…¡arriba!. Firmes como postes, sin mover un solo músculo, ya que la celda de castigo esperaba a los débiles y rebeldes.

    Lo que también era obligatorio era la asistencia a misa todos los domingos y días festivos. Esta se celebraba en el patio del penal, con la presencia de todos los mandos, y que, al final de la misma, debían desfilar ante ellos y saludar al estilo “fascista”.

    Pero aquello no era impedimento para que, al igual que en el anterior penal, aquellos presos se volvieran a organizar. Con el tiempo, volvieron a funcionar las Organizaciones Obreras, y funcionaban bien, a pesar de  las trabas que les ponían.
    En cada brigada había un miembro del comité de las Organizaciones Obreras, que era el encargado de transmitir a los demás lo que sucedía en el exterior, y las acciones que debían emprender en cualquier momento.
    Cualquier cosa, cualquier gesto, era una señal que, solo los delegados de las brigadas conocían.

    A principios del mes de noviembre de 1.945, se corrió la voz en el penal de que Franco iba a conceder un indulto a presos políticos.
    El decreto de 9 de octubre de 1.945 concedía el indulto “a los responsables de los delitos de rebelión militar, contra la seguridad interior del Estado o el orden público, cometidos hasta el 1 de abril de 1945”.

    Paco solicitó por escrito la concesión de dicho indulto.



    Era el mes de diciembre del año 1945. La comida que les servían llevaba ya unos meses siendo de pésima calidad, además de escasa. Las Organizaciones Obreras prepararon una huelga de hambre.
    Cuando debían de recoger la comida, al pasar por donde se encontraba esta, todos daban la vuelta al plato, y se alejaban del lugar. Uno y otro día. Siempre la misma operación. Aquello era una huelga de hambre en toda regla. Fue un ejemplo de organización.      Todos sabían qué tenían que hacer. Nadie cedió ante el hambre que les atenazaba. Tenían que conseguir mejorar aquellas condiciones, o morir en el empeño.
    Los guardias estaban atónitos. Amenazaban con matarlos uno a uno, hasta que comieran. Pero aquellos hombres habían decidido que, si tenían que morir, lo harían por las balas de aquellos guardias, y no por hambre. No pasarían más hambre.



    Todos sabían que aquello era una rebelión y que serían capaces de fusilarlos. La vida de un "rojo" valía bien poco. Pero la unión les hacía fuertes. Sin embargo, ante el masivo seguimiento de la huelga, supieron que, matarlos, no lo iban a hacer. No podían matar a tanta gente de un golpe.
    Una vez los guardias le confirmaron al director de la prisión de la huelga de los presos, este hizo su aparición en la brigada. Pero aquello no era un hombre. Aquella masa de carne humana era más bien una fiera, se abalanzó sobre aquellos hombres, como si de una presa se tratara, dándoles golpes, patadas e insultándoles y amenazándoles. Las amenazas de fusilamiento, aquellas palizas, no hicieron cambiar de idea a los presos.

    El director, después de dos días, y viendo que los presos no cambiaban de actitud, decidió cambiar de estrategia. Les fue llamando uno a uno,  separándolos del resto.

    - Tienes que comer - les decía –, tu compañero anterior ya ha comido. No seas tonto y come tú también.

    - Las otras brigadas están comiendo - insistía - ¿porqué no lo hacéis ustedes también?

    Todos sabían que no era verdad, que nadie, en ninguna brigada, probaba bocado. Ellos sí que ignoraban que la información interna seguía funcionando estupendamente en todo el penal.

    Les decían que el que comiera sería inmediatamente trasladado al penal nuevo, donde el trato y las comidas eran mejores. Nadie se movía. Nadie daba un paso al frente.
    Se llegó a incomunicar a todas las brigadas, para evitar el contacto y los comentarios. Cada día, a la hora de la comida, aparecían, junto a las calderas, diez o doce oficiales, con pistola en mano, amenazando con matarlos uno a uno.

    No podían con ellos. Aquello era lo más duro que les había ocurrido con aquellos presos.

    - Pero ¿cómo podían aguantar tanto? - se preguntaban.

    Aquellos hombres, parte en su día del ejército republicano, tenían ganas de luchar. No querían perder su orgullo ni su dignidad como personas. Lucharían hasta conseguir su objetivo, o morirían en el empeño, como si de un campo de batalla se tratara.


   
    A medida que pasaban los días, aquellos hombres iban cayendo en las camas enfermos, si a aquel colchón de palma se le podía llamar cama. Muchos tenían fiebres altas. Otros, vómitos. Pero todos seguían sin comer. Los más graves eran llevados a la enfermería. Al tiempo, los oficiales decían que se habían salvado porque habían comido, que todo el que era trasladado a la enfermería, comía.

    Pero ellos sabían que todo era mentira, aquellos compañeros no habían podido ceder a las presiones. Muchos de ellos murieron en aquella huelga. Los médicos y enfermeros que les atendían eran también, en su mayoría, prisioneros y en cualquier descuido de sus guardianes, les pasaban información de la evolución de la huelga.

    Por mediación de uno de esos  enfermeros, supieron que se esperaba la visita de una personalidad importante responsable del sistema penitenciario.  Estaban ya en  el noveno día de huelga cuando, sobre las once de la mañana, comenzaron a llegar funcionarios tratando de dar un “lavado de cara” a la brigada. Poco después apareció en ella el mismísimo director general de prisiones, Ángel B. Sanz. La segunda brigada del penal viejo del Puerto de Santa María, más que una brigada de la cárcel, parecía un hospital. Solo unos cuantos, entre los que se hallaba Paco, se encontraban de pie.
    Ante la llegada del director, los que quedaban en pie, y a la vez se sentaron en el suelo, en señal de protesta. El ambiente que allí se respiraba era desolador.

    - ¿Qué es esto? - Preguntó nada más entrar - ¿Qué es lo que me presenta Ud.? - dijo dirigiéndose al director de la prisión.

    - Lo siento señor – contestó de forma dubitativa –. Estos cabrones se han empecinado en no comer; no sabía cómo salir de aquella situación  por más que se lo hemos pedido .

    - ¿Alguien puede explicarme qué está pasando? – preguntó dirigiéndose a los presos.

    Uno de ellos, jefe de la brigada y viejo militar republicano, se incorporó y le expuso el porqué de aquella medida de fuerza.

    - Ahora, dígame, - le respondió - ¿usted qué habría hecho en esta situación?

   El director de prisiones asintió con la cabeza en señal de entender qué ocurría. De repente, giró hacia su derecha, donde se encontraba el director de la prisión y sentenció:

    - Queda usted cesado de su cargo. Y ustedes no se preocupen – prosiguió dirigiéndose al representante de aquellos presos –, daré las instrucciones necesarias para que la alimentación sea la correcta.

    Todos sabían que eran perros de la misma especie, pero, al menos, la forma de tratarlos había sido distinta, más humana.
    Efectivamente, a las pocas horas unas marmitas con comida llegaban a las puertas de cada una de las brigadas. Durante los dos siguientes, y para que los estómagos se fueran de nuevo acostumbrando a los alimentos, les daban comidas estilo purés. Poco a poco, la comida se fue haciendo más sólida y, como prometió aquél hombre, de mejor calidad e incluso con más cantidad.
 
    De esa forma concluyeron la huelga que, durante nueve días, aquellos hombres, luchadores idealistas, habían mantenido, echándoles un pulso fuerte al sistema franquista. Habían vuelto a ganar.



    Sus objetivos se habían alcanzado. Además, el aislamiento al que habían sido sometidos durante todo aquel tiempo de permanencia en el penal, se había roto. Empezaron a introducir presos comunes en las brigadas, más libertad a la hora de salir y de hablar en el patio.

    Claro que, también el enemigo estaba jugando sus cartas. De cada cinco o seis presos comunes que introducían en las brigadas de los presos políticos, al menos uno era un  confidente.

    En el año 1938 se había creado la “Organización de los Servicios de Confidencia e Información en los campos de concentración” que paralelamente también actuaban en las cárceles y penales españoles. Si ya de por sí la situación del preso en un campo de concentración era humillante, degradante para toda persona, a punto de anular la personalidad, aquello fue lo más perverso, lo más vil y canalla que pueda imaginarse. La gris denominación de “Servicios de Confidencias e Información” ocultaba en realidad una red de chivatos, confidentes y delatores en cada campo, en cada penal, en cada cárcel. Se formó una intensa telaraña en la que estaban todos los prisioneros, empezando por los propios confidentes oficiales que no sabían quiénes eran sus “colegas”.[2]

    Esto es un resumen del siniestro y sucio sistema de trabajo de soplones, chivatos, confidentes, delatores, informadores, bajo el control directo de la Guardia Civil, tal y como se recoge en la documentación que se conserva en el Archivo General Militar de Ávila.

    En el penal del Puerto lo sabían, por eso, y para desenmascararlos, les lanzaban cualquier falso mensaje.
    Una vez comprobado quién era el chivato, se les daba un escarmiento. El que fue destinado a la brigada segunda, y una vez descubierto, uno de los días le dijeron que le llamaban en ayudantía. Desde las celdas hasta dicho despacho, tenía que bajar por unas escaleras. Una manta en la cabeza, varios golpes y un cartel de "chivato" sirvieron para que fuera inmediatamente trasladado a otra brigada.
  
    Volvían los interrogatorios, para poder averiguar quién o quiénes lo habían hecho. Nadie decía nada. Todos lo sabían, pero nadie hablaba.
    Varios fueron los “chivatos” que la Guardia Civil introdujo en la brigada segunda durante el tiempo en el que Paco permaneció en ella. La mayoría de ellos fueron detectados (con mayor o menor prontitud).

    En el mes de agosto de 1946, Paco recibió una dura y frustrante noticia: la petición de indulto que, meses atrás se había solicitado, le había sido denegada por el Estado Mayor de la Capitanía General de la Novena Región Militar, y así lo confirmaba la notificación de denegación de indulto fechada en Málaga el 19 de julio de ese año.[3]  Una mala noticia que, en Paco, produjo una enorme desilusión y que hacía retroceder años en su esperanza de salir en libertad. Sin embargo, se repuso del traspiés y presentó un recurso de alzada contra dicha decisión.

    Así, en estas situaciones pasaban los días. Durante una época, volvió a sentirse el empeoramiento en la calidad de la comida en el penal.
    Un día, cuando las marmitas se encontraban a las puertas de la brigada, esperando que llegaran los oficiales para poder repartir la comida, los presos las volcaron y derramaron su contenido por las escaleras. Tal fue el ruido que aquello produjo que, los oficiales salieron despavoridos, con las armas en las manos, quizás creyéndose que era un bombardeo enemigo.
     Inmediatamente fueron encerrados en la brigada. Pensaban que volverían nuevamente los castigos. Pero esta vez se equivocaron. Al cabo de dos horas aparecieron las marmitas llenas con nueva comida. Esta vez de mejor calidad. Parecían que habían aprendido la lección anterior. Nadie quería tener problemas con ellos. Sabían de lo que  eran capaces, de lo que podían aguantar entonces.

   Se dieron cuenta que aquello empezaba a cambiar. España estaba sometida a una constante crítica por parte de otros países, y nadie quería dar motivos extraordinarios para que aumentaran esas críticas.



    Dentro de lo lógico, las cosas cambiaban día a día. Los domingos podían pasar al penal nuevo, donde tenía acceso el personal civil para visitar a sus familiares. El día de la patrona de prisiones, la Virgen de la Merced, en el año 1947, la dirección organizó un gran festival, donde asistieron artistas, hubo boxeo, concursos de cante. Las puertas, ese día, se abrieron para que los familiares pudieran visitar a todos los presos.
    El régimen franquista quería hacer ver a las potencias extranjeras que eran “magnánimos” con los prisioneros de guerra.

    Aunque todos sabían que aquello era una patraña del régimen fascista, decidieron aprovechar la ocasión, no solo para pasar un día con sus familias, sino también para contarles a estos y a otros visitantes la verdadera situación que se vivía dentro de aquellos muros. Se seguía maltratando a los prisioneros, se les seguía vejando, y lo que era más duro, se seguían asesinando a prisioneros. Aquellas circunstancias se tenían que conocer fuera de aquellas paredes.
    Sabían  que existía una emisora de radio, clandestina por supuesto, que daba información de lo que verdaderamente estaba ocurriendo en España, y cuya dirección corría a cargo del gobierno republicano en el exilio. Su nombre era “La Pirenaica” y nunca, el régimen franquista, supo desde donde transmitían. Aquellos presos de guerra lo sabían, lo mismo que sabían que la información que ellos pudieran dar también podía llegar a esa emisora de radio.
    A Paco, lo que más le gustó, fue la entrada de los niños en el penal. El ver a sus padres, abrazados y llorando junto a ellos, fue una experiencia que jamás olvidará.
    No le había dado tiempo a avisar a su familia para que fueran a verle, pero, a su forma, disfrutó de aquel día como hacía tiempo que no lo hacía.
   
    A partir de entonces, la cosa fue mejor. Mejores comidas. Mejor trato.
    No es que fuera una cosa del otro mundo pero, en comparación con los otros "hoteles", aquel estaba adquiriendo la categoría de un "cinco estrellas".

    A mediados del año 1947, otra mala noticia llegaba, procedente de Málaga, al penal del Puerto de Santa María. Una mala noticia que afectaba directamente a Paco: el recurso de alzada interpuesto contra la denegación de indulto solicitada el año anterior, le había sido rechazada por el Consejo Supremo de Justicia Militar y  fechada el 17 de abril de ese año. Una mala noticia que, sin embargo, no ejerció el mismo efecto negativo que la recibida el año anterior. Ya se había hecho a la idea de que, tarde o temprano, de una u otra forma, aquella pesadilla terminaría.

    Con el tiempo las cosas fueron cambiando. La presión internacional ejercida sobre el régimen franquista para que fuera abriendo la mano hizo que Paco albergara nuevas esperanzas en una no muy lejana salida.
    Pensaba que saldría de allí, y entonces,  ¿qué haría? No quería volver a trabajar en el campo, trabajar de sol a sol en unas condiciones precarias y que, a la postre, no le haría progresar en la vida y, con esa idea, decidió estudiar. Él, que cuando ingresó por primera vez en prisión, apenas si sabía leer y escribir, decidió, y tiempo le quedaba, instruirse, tener una buena preparación educativa para, una vez fuera de aquellos muros, afrontar una nueva vida.
  
    Había muchos presos, sobre todo presos políticos, que tenían una formación intelectual bastante elevada, a los que Paco acudió y de ellos recibió sus primeras lecciones. Manuel Hallué Quiles, uno de los presos amigo de Paco, hombre instruido, maño, y que fue la primera persona que le enseñó álgebra, trigonometría, etc. Las horas se las pasaban con una tiza y, en el suelo, ejercitaban estas materias. Manuel  tenía pensado, una vez saliera de la cárcel, trasladarse a Venezuela, ya que, al parecer, hacían falta hombres especialistas en agronomía. Manuel saldría de la prisión unos meses después que Paco.
    Más de un día, vendía su comida para poder comprarse libros y material escolar.
    De esa forma, aprendió, primero, a leer y escribir correctamente, luego, matemáticas, incluso algo de francés y bastante de esperanto. Este era un idioma prohibido por el régimen franquista, ya que era un idioma utilizado por personas de ideas de izquierdas, y que se basaba en un conglomerado de palabras de distintas lenguas europeas. Con el tiempo, y ante la influencia en el mercado del inglés y el francés, desapareció.



    Por fin llegaron los indultos. Primero empezaron a ser indultados los que tenían condena de seis años. Después los de doce, y así sucesivamente.

    Y por fin llegó el día para él, aunque con un poco de demora por haber tenido que pasar casi dos años más de la cuenta en prisión al tener que cumplir una pena supletoria por “fuguista", y por la lentitud en tramitar su documentación. Era el día 23 de diciembre de 1.949. El día de su libertad.






Población reclusa tras la Guerra Civil Española

(con fecha de 31 de diciembre de cada año)


AÑO
PRESOS
1939
270.719
1940
233.373
1941
159.392
1942
124.423
1943
74.095
1944
54.072
1945
43.812
1946
36.379
1947
38.139
1948
37.451
1949
36.127
1950
30.610

Fuente: Payne, 2007, p 111






                                      Presos republicanos en la cárcel de Burgos



LA LIBERTAD



“La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran la tierra y el mar: por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida.”


Miguel de Cervantes Saavedra




Alozaina

    Cuando Paco despertó de aquel sueño, el tren estaba llegando a la estación de Pizarra, pueblo situado a unos treinta kilómetros de Alozaina, su destino.

    - ¡Qué campos más bellos!  ¡Qué verdes eran! – pensaba.

    No se cansaba de mirarlos. Desparramaba la vista por la ventanilla del tren queriendo retener aquella imagen. Muchos habían sido los años en los que no los había podido ver.

    Una vez detenido el tren, Paco sintió miedo. Miedo y recelo por  la reacción que pudiera tener la gente hacia quien había estado tanto tiempo encarcelado.
    Más de catorce años privado de libertad le había impedido conocer los cambios que España había experimentado.

    -¿Cómo sería ahora España?- se preguntaba –.  Y las gentes ¿cómo serían?

    Aún no le había dado tiempo a asimilar su nueva vida. Aún no podía diferenciar el estado de libertad en el que se encontraba, con su vida anterior. Más de catorce años encerrado son muchos años como para, en un solo día, tener que adaptarse a una forma de vida totalmente distinta a la que, hasta ahora, había llevado.
    Recelaba de todo y de todos. Sentía las miradas de la gente clavadas en sus ojos. Todos le miraban, o al menos, eso creía.

    Con paso dubitativo, se apeó del tren. Una vez en el andén de la estación, observó cómo, no muy lejos de allí, varios autobuses se encontraban detenidos.
    Fue mirando, uno por uno, los rótulos que, en la parte delantera de cada uno de ellos, indicaba la ruta que llevaban.

    - “Málaga – Yunquera”- , figuraba en uno de ellos.

    - Tenía que ser ese – pensó.

    Se acercó a la puerta del autobús. Su conductor se encontraba sentado a la espera de que los pasajeros subieran.

    - ¿Este autobús va hacia Alozaina ?

     - Si - respondió este.

    - ¿Me puedo subir? - preguntó.

    La voz le temblaba como si de un niño se tratara.

    - Claro que sí. Hay sitio suficiente, suba – contestó el conductor.

    En el autobús viajaban unas veinte personas. A nadie conoció. El tiempo no solo había pasado para él. Los demás, la mayoría de ellos de su pueblo, también habían cambiado y no los reconocía.
    El conductor del autobús, aunque no era de Alozaina, sí vivía en él, era natural de Villamartín, Antonio el "Sinmanta", le apodaban. El autobús era de la empresa Los Coínos, y  hacía el trayecto de Málaga a Alozaina, teniendo parada en Pizarra.



    Fue este el único que le reconoció.

    - ¿Tú eres Paco el de la “Posá”?- le preguntó.

    Sus hermanos le habían advertido al conductor de que Paco cogería el autobús en Pizarra, por lo que, una persona extraña, y con esas características, solo podía ser él.
    El autobús inició la marcha, camino de Alozaina.
    La conversación durante el resto del camino se centró en su persona.

    Para entonces, muchas cosas habían cambiado en España. Por ejemplo, aún estaban vigentes las cartillas de racionamiento; las monedas de curso legal habían cambiado; todavía se pasaba hambre y las diferencias sociales presentaban aún una mayor profundidad que cuando él fue detenido.

    Existía una carencia grande de productos de primera necesidad, y “el estrasperlo” era la única tabla de salvación de muchas familias



para salir adelante. Muchos ya se habían enriquecido con esta forma de negocio, con el consentimiento de la Guardia Civil que recibía prebendas por hacer la vista gorda, mientras otros eran multados e incluso encarcelados, y que solamente lo hacían por una verdadera necesidad, y no para enriquecerse de forma rápida.

    En Alozaina, como en muchos otros lugares, había nacido una nueva clase de “ricos” a costa de esta actividad, y que, poco a poco, se fueron adueñando de tierras y casas, amasando importantes fortunas.
    Su lucha no había servido para nada. Tantos años de sacrificio, tantas muertes, tantas vidas rotas… para nada.
    Aquel ya no era el país que él había dejado cuando le detuvieron.  Era otro país, se lo habían cambiado, y él no había podido hacer nada.

    Había sacrificado toda su juventud, ahora no era más que un ex presidiario, un “rojo” más que sería permanentemente vigilado. Un “apestado” de aquella sociedad. Una sociedad que, más tarde, iría descubriendo en toda su crudeza, llena de odios, de rencores, de envidias... y de miedos. El miedo que había implantado un régimen fascista con la fuerza de las armas.

    Los símbolos fascistas se encontraban por todas partes. El “yugo y las flechas”, emblemas de la falange española se situaba a la entrada de cada población por las que pasaban, así como las fotografías de Franco presidían colegios, instituciones, etc.
    También, aparecían pueblos ligados a este nombre, tales como El Ferrol  “del Caudillo”.

    Una vez que el conductor corrió la voz entre los pasajeros de quién era aquel viajero, todos corrieron a saludarle.


     El autobús debió entrar al pueblo de Casarabonela, pueblo situado a unos nueve kilómetros de Alozaina. Desde su asiento, a través de la ventana, Paco ya pudo apreciar las estribaciones de la serranía de Ronda, en lo que es una prolongación de Sierra Prieta.
    El autobús se detuvo, durante unos minutos, en una explanada situada a la entrada de dicho pueblo. Algunos de los viajeros se apearon, unos porque habían llegado a su destino, otros para poder tomar algo en un viejo bar cercano.

    Paco no se movió de su asiento. Desde él observaba a la gente que pasaba junto al autobús y que curioseaban para ver si conocía a alguno de sus pasajeros.
    Cuando nuevamente el vehículo inició la marcha, Paco ¿qué le diría a sus padres? Y a sus hermanos, ¿cómo les reconocería? Habían pasado muchos años y la mayoría de ellos eran unos niños cuando él se fue.

    Cerca ya del pueblo, Paco pudo ver la majestuosidad de la sierra de Alozaina, sierra Prieta. Allí seguía, extendiendo orgullosa sus laderas hasta el mismo pueblo. Los recuerdos de sus andanzas por aquellas tierras volvieron a su mente.

    De repente, el  vehículo se paró a la entrada del pueblo, junto a un arco de estilo árabe[4], representación de sus orígenes, y que da acceso al pueblo desde la carretera. Un grupo de hombres les esperaban.
    El conductor del autobús les fue presentando, uno a uno, a aquellos hombres. Eran sus hermanos. Habían pasado tantos años que casi no se conocían. Allí estaban José, Juan, Manuel, Rafael, su hermana Ana, y el benjamín de la familia, Miguel. Su hermana María se había trasladado a Francia unos años antes, casándose por poderes con su novio Antonio Rueda “El Santo” y se había establecido en la ciudad de Marsella.
    Sus padres no habían tenido fuerzas para ir a recibirlo.

    El reencuentro con sus padres, y con el resto de la familia, es inenarrable. Toda la familia, vecinos, amigos... todo el pueblo se acercó por la casa de sus padres para darle la bienvenida.

    Todos querían ver a Paco, el hijo del “Rubio de la Posá”. No hay palabras que puedan describir lo que la familia Santos sentía aquella noche. Noche de Navidad de 1.949. La Navidad del año de su libertad.



FIN





 ESCRITO DE DENEGACIÓN DE INDULTO (19-7-1946)

TRANSCRIPCIÓN

DON FERNANDO ALES RUIZ, SOLDADO DE INFANTERÍA, SECRETARIO DEL JUZGADO MILITAR EVENTUAL NUM. DOS DE ESTA PLAZA Y DE LA PRESENTE CAUSA DE INDULTO NUMº 74 A FAVOR DE FRANCISCO SANTOS RODRIGUEZ DE LA QUE ES JUEZ INSTRUCTOR EL COMANDANTE DE INFANTERÍA DON ANTONIO VERA REY.

DOY FE Y TESTIMONIO: Que en la causa arriba indicada, concreta las particulares que copiadas literalmente dicen:
FOLIO 230 INFORME DEL}  EXCMO. SR.:  EL FISCAL JEFE DICE: Vista la
FISCAL JEFE -------------.} petición de indulto que eleva a V.E.  el penado FRANCISCO SANTOS RODRIGUEZ, examinada la sentencia dictada en la causa núm. 74, contra el mismo instruida, por la que referido individuo fue condenado a la pena de VEINTE AÑOS DE RECLUSIÓN, como autor responsable de un delito de  REBELIÓN MILITAR, apareciendo como hecho más grave en el resultado de la sentencia el efecto que mana de la acción de intervenir  en Alozaina en varias muertes y asesinatos, acreditándose en diligencia de cargo por su denunciante Esperanza Trujillo, que el condenado (¿…?) intervenir formando parte del grupo que arrastró a la madre de (¿…?), paralítica, fuera de su domicilio donde fue asesinada, , acusación que se mantiene en tal diligencia con firmeza y vehemencia, y visto así mismo el Decreto 9 de Octubre de 1.945,: NO ES PROCEDENTE QUE V.E. autorice la gracia del indulto que solicita el penado FRANCISCO SANTOS RODRIGUEZ, por estar expresamente comprendida en las excepciones previstas en el art. 1º del referido Decreto. SI V.E. acuerda la conformidad deberá hacerse al interesado el derecho que existe de alzarse, en el plazo de diez días a partir de la notificación del acuerdo ante el Consejo Supremo de Justicia Militar, de conformidad con las normas para la concesión del indulto, de 27 de octubre  de 1.945.- V.E. no obstante decidirá.-  Granada a 15  de Mayo de  1946.- EL FISCAL JEFE ACCTAL.- Firmado y rubricado.- ANTONIO SERRANO HINOJOSA, y un sello en tinta violeta que dice: Fiscalía Jurídico Militar de la Novena Región.- OTROSI DIGO: En el caso que sigan interpuesto el recurso  (¿…?) las normas antes citada, ante el Consejo Supremo de Justicia Militar deberá acompañarse el citado escrito testimonio literal de este informe del dictamen y acuerdos relativos al manuscrito respectivamente del auditor y Capitán General, a más del testimonio igualmente literal de la sentencia.- Granada a 15 de Mayo de 1.946. EL FISCAL JEFE ACCDTAL. Firmado y rubricado.- Antonio Serrano Inojosa. Hay un sello en tinta violeta que dice: Fiscalía Jurídico Militar de la Novena Región.- -------------------------------------------------
FOLIO 231 DICTAMEN ) EXCMO. SR.:Visto el expediente de indulto a favor del
AUDITORIADO ---------) recluso FRANCISCO SANTOS RODRIGUEZ, encartado en causa núm. 74 en la que fue condenado como autor de un delito de REBELIÓN MILITAR, a la pena de VEINTE AÑOS DE RECLUSIÓN, del dictamen del Fiscal Jurídico Militar que antecede por sus propios declarantes procede y así se prepara a V.E. denegar a dicho reo los beneficios de indulto concedidos por el Decreto de 9 de Octubre último (D.O.  num. 293) por concurrir las excepciones previstas en el art. 1º del citado decreto.- Caso de conformidad con lo que se deja propuesto, pasará el expediente de indulto y la causa núm. 74 al instructor que se designe, para que notifique al interesado de la resolución recaída enterándola, al propio (¿…?), del recurso de alzada que establece el art. 2º de las normas de 27 de Octubre último, dictadas para la ejecución del manifestado Decreto del Ministerio del Ejercito, recurso que deberá entablar ante el Coronel (¿…?) de Justicia Militar, en el plazo de diez días (¿…?) de la fecha de notificación (¿…?) el archivo de las presentes actuaciones. Granada a 24 de Mayo de 1.946.- EL AUDITOR.- Firmado y rubricado.- Gonzalo García Bravo.- Firma y un sello color violeta que dice: Auditoría de (¿…?) Capitanía General de la Novena Región.- Estado Mayor (¿…?)
y de mi Auditor que antecede acuerda de conformidad con las mismas les sean DENEGADOS al citado encartado los beneficios de INDULTO concedidos en 9 de Octubre de 1.945.- Remítase el procedimiento al  Sr. General Gobernador Militar de la plaza de Málaga, para que designe Juez Instructor, que de el más exacto cumplimiento a cuanto se previene en el Dictamen de mi Auditor, que antecede, y Otrosi.- El Capitán General.- Vicente Lafuente.- Firmado y rubricado.- Hay un sello en tinta violeta que dice: Capitanía General de la Novena Región Militar.- Estado Mayor.- ---------------------
CONCUERDA BIEN Y FIELMENTE con el original a que me remito y para que conste y remitir al interesado expido el presente con VªBª del Sr. Juez en la plaza de Málaga a Diez y nueve de Julio de mil novecientos cuarenta y seis.-------------------------


EL SECRETARIO
                              VºBº
EL COMANDANTE JUEZ INSTRUCTOR











ESCRITO DE DENEGACIÓN DE INDULTO (17-4-1947)

TRANSCRIPCIÓN

DON FRANCISCO RIVERO VERA, TENIENTE AUXILIAR DE INFANTERÍA. MILITAR NUMERO DOS DE LOS DE ESTA PLAZA, Y DE LA CAUSA NUM, 74 SEGUIDA CONTRA FRANCISCO SANTOS RODRIGUEZ POR EL DELITO DE REBELION MILITAR, DE LA QUE ES JUEZ INSTRUCTOR EL COMANDANTE DE INFANTERÍA DON ANTONIO VERA REY.

DOY FE Y TESTIMONIO: Que en la Causa arriba expresada aparecen las particulares que copiadas literalmente dicen así:

AL FOLIO 39. DENEGACIÓN  )  CONSEJO SUPREMO DE JUSTICIA MILITAR.-
DEL RECURSO DE ALZADA) Relataría de Marina.- Excmo. Sr.- En el rollo correspondiente al recurso de alzada interpuesto por el penado FRANCISCO SANTOS RODRIGUEZ, y elevada ante este Alto Tribunal por la Prisión Central del Puerto de Santa María (Cádiz), aparece un dictamen del Sr. Fiscal al reo que copiado literalmente dice así: EL FISCAL TOGADO dice que el recluso FRANCISCO SANTOS RODRIGUEZ (¿…?)
En virtud de todo lo expuesto PROCEDE continuar con la reclusión analizada, acordándose en definitiva por la Sala de denegar la concesión del indulto solicitado.- y habiéndose informado la Sala de Justicia en providencia fecha 8 de Enero de 1.947 con el preceptivo dictamen Fiscal, tengo el honor de trasladar a V.E. para su conocimiento y efectos remitiéndole la instancia al interesado el oportuno acuse de recibo.- Dios guarde a V.E. muchos años.- Madrid a 21 de Marzo de 1.947.- EL GENERAL PRESIDENTE.- Firmado y rubricado.- M. Ponte: Hay un sello en tinta violeta que dice: CONSEJO SUPREMO DE JUSTICIA MILITAR.- PRESIDENTE---------------------------------------
CONCUERDA BIEN Y FIELMENTE con el original al que me remito y para que conste y remitir al interesado en el Puerto de Santa María (Cádiz) expido el presente con el VºBº  del Sr. Juez de la Plaza de Málaga a diecisiete de Abril de mil novecientos cuarente y siete.

VºBº                                                                           EL SECRETARIO
EL COMANDANTE JEFE INSTRUCTOR
      



TRANSCRIPCIÓN

Dº Servando Villarreal Sánchez, Médico Oficial de la Prisión Central del Puerto de Santa María, de la que es Director Dº Ramón Caballero Gil

                        CERTIFICO que FRANCISCO SANTOS RODRÍGUEZ no padece enfermedad alguna infecto-contagiosa que le impida disfrutar de los beneficios de la libertad condicional.
                        Y para que conste a tales efectos, expido el presente, que visa y sella el Sr. Director, en Puerto de Santa María a veintitrés de diciembre de mil novecientos cuarenta y nueve.




Listado de personas nacidos en Alozaina, ejecutados en diferentes localidades de la provincia de Málaga.
Asociación Foro Por La Memoria Histórica de Málaga






Presos fusilados en los cementerios




AGUILAR ROJAS, JUAN                       ALMAGRO RUEDA, ANTONIO
BELLIDO GÓMEZ, ANTONIO               BELLIDO RODRÍGUEZ, FRANCISCO
BELLIDO ROJAS, ANTONIA                 BENÍTEZ CAMPOS, JOSÉ
BENÍTEZ CAMPOS, SALVADOR          BEMÚDEZ CHAVEZ, FRANCISCO
BERMÚDEZ SÁNCHEZ, JOSEFA        BRAVO SEPÚLVEDA, ANDRES
CAMPOS DONOSO, ANTONIO            CARRASCO RUEDA, REMEDIOS
CODES SÁNCHEZ, ALONSO               CONDE NAVARRO, JOSÉ
DÍAZ PÉREZ, ANTONIO                       DÍAZ TRUJILLO, ANTONIO
DOMÍNGUEZ ALMAGRO, ANTONIO    DOMÍNGUEZ ROJAS, RAFAEL
DUEÑAS RUEDA, ANA                           FERNÁNDEZ CARRASCO, JUAN
GALVÁN PÉREZ, JOSÉ                        GIL GONZÁLEZ, ANA
GIL ROJAS, ANTONIO                          GIL ROJAS, JUAN
GIL URQUIZA, JOSÉ                             GÓMEZ ZAMBRANA, DIEGO
GONZÁLEZ GUERRERO, FERNANDO    GONZÁLEZ MERINO, JUAN
GONZÁLEZ RUEDA, ANTONIO           GONZÁLEZ TORRES, JOSÉ
LIMA RODRÍGUEZ, JOSÉ                     LUNA LÓPEZ, ANTONIO
LUQUE DOMÍNGUEZ, FRANCISCO    MÉNDEZ CAMPOS, JUAN MIGUEL
MERINO PORTALES, MIGUEL             NAVARRO GIL, FRANCISCO
NAVARRO MÉNDEZ, FRANCISCO     NAVARRO MÉNDEZ, JOSÉ
NAVARRO MÉNDEZ, JUAN                 NAVARRO NAVARRO, MIGUEL
PÉREZ AGUILAR, JUAN                       PÉREZ RUEDA, FERNANDO
PIÑERO GUERRERO, MIGUEL            PORTALES ÁLVAREZ DE PEREA, JOSÉ
PORTALES SEPÚLVEDA, JOSÉ          RIVAS DEL RÍO, JUAN MIGUEL
RIVAS GUERRERO, ANDRÉS             RIVAS RUEDA, SALVADOR
ROJAS GARCÍA, MIGUEL                     ROJAS GUERRERO, FRANCISCO
ROJAS PÉREZ, JUAN                           ROYO OCHOA, ADRIANA
RUEDA MERINO, ANTONIO                RUEDA NARVÁEZ, RAFAEL
RUEDA OÑA, MIGUEL                          RUEDA SÁNCHEZ, MIGUEL
RUEDA SEPÚLVEDA, ANTONIO         RUEDA ZAMBRANO, ANTONIO
SÁNCHEZ OÑA, FRANCISCO             SÁNCHEZ ROJAS, MIGUEL
SEDEÑO MERINO, JUAN                     SEPÚLVEDA BERMÚDEZ, JUAN
SEPÚLVEDA NAVARRO, JUAN           TORRES BERMÚDEZ, PEDRO
TORRES PIÑERO, ANTONIO               TORRES RODRÍGUEZ, MANUEL
TRUJILLO GÓMEZ, JOSÉ                     TRUJILLO MACIAS, MIGUEL
TRUJILLO MARTÍN, SANTIAGO          TRUJILLO SÁNCHEZ, CARMEN
VERA GUERRERO, JOSÉ


                                       Relación de asesinados en Málaga, nacidos en Alozaina
                                                   Asociación Foro Por La Memoria Histórica de Málaga

NOMBRE
APODO
FECHA
PROFESION
ALMAGRO RUEDA ANTONIO

04/02/1950
ALBAÑIL
BELLIDO RODRÍGUEZ FRANCISCO

26/10/1940

BENÍTEZ CAMPOS SALVADOR

29/01/1943

BERMÚDEZ CHÁVEZ Fº
FILOMENA
06/12/1939

CAMPOS MERINO TOMÁS

28/02/1940

CAMPOS RUEDA ANTONIO

15/11/1939
CARPINTER
CODES SÁNCHEZ ALONSO

18/04/1941

DÍAZ PÉREZ ANTONIO

08/01/1941

DOMÍNGUEZ RODRÍGUEZ SALVADOR

22/01/1938

DOMÍNGUEZ ROJAS RAFAEL

01/08/1939

GIL ROJAS ANTONIO

07/12/1939

GIL ROJAS JUAN
HOCICO
09/12/1939

GIL URQUIZA JOSÉ
MELCHOR
06/12/1939

GONZÁLEZ TORRES JOSÉ

12/02/1938
DE CAMPO
MENESES RUEDA JUAN

09/03/1937
MAESTRO N
ROJAS GUERRERO ALONSO

01/03/1940

RUEDA SEPÚLVEDA ANTONIO

08/01/1941

FERNÁNDEZ CARRASCO JOSÉ
MARATO
14/05/1937
CARABINERO
FERNÁNDEZ MIGUEL ANTONIO

08/04/1937
SOLDADO
LUNA LÓPEZ ANTONIO

16/03/1937

NAVARRO MÉNDEZ JOSE

07/11/1940

NAVARRO MÉNDEZ JUAN

27/08/1940

NAVARRO NAVARRO MIGUEL
CARMONA
10/11/1939
LABRADOR








 FUENTES CONSULTADAS



ABC pueblos
ABC, del 19 de mayo de 1919, edición de la tarde.
Ángeles Cáceres. Manifiesto de primavera
Archivo de la Experiencia
Archivo General Militar de Ávila
Archivo provincial de Málaga
Asociación Foro Por La Memoria Histórica de Málaga
Boqs.publico.es
Daniel Gatica Cote. Grupo de investigación Elites, notables y pueblo: “Una cárcel en la postguerra. La prisión central del Puerto de Santa María en 1940”
Diario Málaga Hoy, 4 marzo 2010
Diario Sur, servicios diariosur.es
Dr. Norman Bethune
Emilio García, Campo de concentración de Castuera, publicado en GCG inet
Encarnación Barranquero Texeira “Malagueñas en la represión franquista”
Forum de la guerra civil
Hispania Nova. Revista de Historia Contemporánea. Nº 6, año 2006
http://lacucaracha.info
INE (Instituto Nacional de Estadísticas)
Isaías lafuente “Esclavos por la patria- La explotación de los presos bajo el franquismo”
Jordi Carroño, fotógrafo
Jordi García Soler “Memoria Histórica. Esclavos del franquismo”
La Vanguardia, edición del sábado 14 de julio de 1934.
La Verdad.es
Los de Arbolá. Ángel Rueda
Los de la sierra, en francés
Manuel Martínez Cordero. El penal del Puerto de Santa María 1886-1981.
Payne. 2007. p 111
Pedro Pascual: campos de concentración en España y batallones de trabajadores
Ramos Palomo 1991
Revista “Cambio 16”
Revista “Semana”
Robert Capa, fotógrafo
Robles Egea, 1936
Román-Fernando Labrador Juarras. Campos de concentración en la provincia de Burgos.
Superantolín, General de Brigada, forum La guerra Civil Española.
Todoslosrostros.blosgpost.com
Tuselle, 1976
Wikipedia
Wikipedia: Masacre de la Carretera Málaga-Almería.
www.diocesismalaga.es